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La Traviata se puso la 10 en el Teatro del Bicentenario

via Instagram @_laurapisani

El Teatro del Bicentenario festejó su décimo aniversario y volvió a subir el telón de La Traviata. Después de meses de ensayos y preparación, la obra cautivó al público de San Juan, que respondió con aplausos efusivos. Para los que se quedaron con ganas de más, la superproducción vuelve a escena el sábado 24 y el lunes 26 de octubre.

Esta obra de Giuseppe Verdi no es nueva en la sala, ya que fue el clásico con el que el teatro abrió su primera temporada de ópera en 2017. Sin embargo, esta vez llega con una propuesta totalmente renovada. La versión que se está viendo es una producción que el Teatro Colón estrenó en 2025, fruto de una articulación institucional entre ambos teatros.

Una estética que se aleja de lo recargado

Si alguien estuvo en la versión de 2017, se dio cuenta enseguida de que el rumbo visual cambió drásticamente. El director español Emilio Sagi decidió dejar de lado la "recarga" tradicional de la ópera y apostó por una estética minimalista, moderna y elegante.

La escenografía de Daniel Bianco se basa en tonos neutros, que también se ven reflejados en el vestuario. Para que no sea todo tan plano, Renata Schussheim sumó pinceladas coloridas a los trajes en algunas escenas, creando un contrapunto visual muy oportuno. A esto se le suma un diseño de iluminación que acompaña el clima de cada acto: empieza con el brillo festivo del brindis y termina con el desgarro íntimo de la escena final.

Todo este despliegue hace que la experiencia sea amena para el espectador, algo clave considerando que la obra dura casi tres horas. Además, el acierto de sumar una pantalla pequeña con subtítulos en español ayudó un montón a seguir la trama sin distraerse de lo que pasa en el escenario.

El talento sobre las tablas

En el papel de Violetta Valéry, la soprano Laura Pisani, que vive en Alemania, dejó una interpretación memorable. Pisani logró encarnar la visión de Sagi sobre una Violetta decidida y fuerte. Su trabajo fue un recorrido completo por la metamorfosis del personaje: arrancó como una joven fresca, distante y casi irreverente, pasó por la mujer que se sacrifica por amor y terminó como una figura solitaria y trágica, marcada por la tristeza y la enfermedad. La soprano brilló sin descansar, tanto en las partes corales como en las arias más íntimas.

El resto del elenco principal estuvo a la altura. El tenor Diego Bento, como Alfredo, y el barítono Omar Carrión, en el rol de Giorgio Germont, hicieron trabajos impecables y convincentes. Los dúos entre ellos y Pisani mantuvieron al auditorio en vilo durante toda la función.

El sonido y la unión institucional

La música no quedó atrás gracias a dos ensambles destacados. Por un lado, la orquesta concertada —formada por la Camerata San Juan, la Orquesta Escuela y músicos de la Sinfónica— estuvo bajo la batuta del maestro Marcelo Ayub. Por otro lado, la masa coral contó con artistas del programa de formación en Ópera del propio Teatro del Bicentenario.

Esta mezcla entre figuras invitadas de trayectoria nacional e internacional y los cuerpos artísticos locales le dio a La Traviata un sello singular. Al final, esta comunión entre el Teatro Colón y el coliseo sanjuanino no solo puso en valor una obra universal, sino que dejó en evidencia el crecimiento que tuvo el Teatro del Bicentenario en esta década. La capacidad y el potencial demostrados en todas sus áreas marcan el camino y los desafíos que el teatro puede encarar con éxito en los próximos diez años.

¿Quién más se anima a ir a ver una ópera de tres horas si la puesta es así de impecable?

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