La fórmula secreta de Pasapalabra: cómo Iván de Pineda armó el éxito del Rosco

Iván de Pineda no se anda con vueltas y tira una cuenta matemática para dimensionar la magnitud de lo que pasa detrás de cámara: 1329 x 2 x 25. Para los que no quieren hacer la cuenta, el resultado es la cantidad exacta de palabras que Mariel Morán, la productora ejecutiva, tiene acumuladas en un Excel. Esa cifra sale de sumar 1329 programas, multiplicados por los dos Roscos que se envían por emisión y por las 25 letras que componen el juego. Es una locura de datos que refleja el orgullo del conductor por el trabajo invisible que sostiene al programa de Telefe.
Pasapalabra se convirtió en un fenómeno que no entiende de horarios ni de días; donde sea que lo pongan en la grilla, la gente lo mira. Actualmente el ciclo se emite los viernes, sábados y domingos en el prime time, pero ya hay fecha para el regreso al formato diario: en noviembre, una vez que termine Popstar, volverá a emitirse de lunes a viernes.
Para entender cómo se llega a este nivel de éxito, hay que analizar el método de construcción del programa. Todo empezó en 2015, mucho antes de que el público lo viera en pantalla. El proceso arrancó con dos reuniones en una oficina donde el equipo probó la dinámica y realizó una serie de tests de los juegos. Lo curioso es que en esos encuentros la atmósfera era tan relajada que se olvidaron de que estaban trabajando y se pasaron el tiempo jugando. Ese espíritu lúdico fue el cimiento de todo, y como prueba de ello, hay personas que formaron parte de aquellas primeras reuniones y todavía siguen trabajando en el programa.
El secreto para que la magia funcione en el aire, según de Pineda, es que lo que sucede en esa oficina pequeña es exactamente lo mismo que llega al televidente. La clave es la diversión genuina. El conductor asegura que en el estudio la pasan bien y juegan, al punto que los camarógrafos a veces terminan contestando las preguntas que se les hacen a los participantes. Esa energía se transmite a la pantalla y genera que el espectador juegue en tiempo real, sin importar el horario o el lugar donde esté viendo el programa.
La espontaneidad es otro pilar fundamental. Iván admite que él también se divierte y se sorprende mientras conduce; incluso contó que el otro día se le escapó una respuesta sin querer, algo que nunca le había pasado, y terminó mandándole un abrazo al sobrenombre de la persona involucrada. Para él, la esencia es aprender constantemente y no caer en la soberbia de creer que uno lo sabe o comprende todo. Esa cultura de aprendizaje se extiende a la producción, donde suelen organizar batallas de Rosco internas para divertirse entre colegas.
El impacto del programa en el mundo del espectáculo es masivo, con más de 6000 famosos que ya pasaron por el estudio. Aunque la cifra sea impactante, el objetivo con los invitados es simple: que se diviertan, se rían y puedan mostrarse desde otros ángulos. De Pineda aclara que, aunque muchos llegan con nervios porque es una instancia de juego, el formato no está diseñado para exponer a nadie, sino todo lo contrario. De hecho, la gran mayoría de los famosos piden revancha y el programa siempre mantiene las puertas abiertas para que vuelvan.
En los últimos años, el conductor sumó una nueva faceta al convertirse también en productor. Esta posición le permite ver el programa desde otro lugar y aportar su granito de arena, aunque es cuidadoso de no cruzar una línea que transforme el rol en algo que el ciclo no necesite. Confía plenamente en su equipo y entiende que su tarea es sumar.
Sobre la logística de grabación, el tiempo que dedican en cada temporada varía según las métricas de los programas y las necesidades del momento. No es lo mismo producir un episodio para una cantidad de minutos que para otra. Existe una construcción lúdica necesaria para que el ritmo sea el adecuado y se llegue de la mejor manera al final, que es el Rosco, por lo que deben evaluar cuidadosamente cómo van entrando los distintos juegos.
Fuera de los reflectores, el conductor mantiene un perfil extremadamente reservado. Está por cumplir 50 años y, a diferencia de otras figuras de la televisión argentina, no tiene redes sociales y resguarda su intimidad. Su mirada sobre la carrera es la de un camino paso a paso, donde el reconocimiento internacional que logró como modelo —trabajando para firmas como Versace, Gucci y Armani— fue el resultado de un compromiso total con la moda, después de haber empezado en ese mundo casi por azar, producto de una broma familiar mientras pensaba estudiar derecho o diplomacia.
Su trayectoria en la TV fue gradual: empezó en 1994 como notero en El Rayo, fue jurado en Los 8 escalones y condujo Resto del mundo durante diez años antes de debutar con Pasapalabra en eltrece en 2016 y mudarse a Telefe en 2021. Para él, el camino de la construcción es lo que más lo nutre y lo divierte, valorando siempre a los baluartes que lo acompañan en el trayecto.
¿Quién no se imaginó alguna vez ganando el Rosco y llevándose el premio?
