El Goce Pagano: el templo de la salsa en Bogotá que lleva 48 años dándole candela

En el corazón de Bogotá, donde la ciudad se mueve a mil, hay un lugar que se resiste a que la salsa pase de moda. El Goce Pagano no es solo un bar; es un templo donde varias generaciones han ido a bailar y a entender la música caribeña desde hace casi medio siglo. Fundado el 1 de diciembre de 1978 por César Pagano, el sitio ha sobrevivido mientras otros locales subían como palmeras y caían como cocos, manteniendo intacto ese tumba’o que lo hace legendario.
César Pagano, quien es periodista, investigador, escritor y melómano, fue el pionero en abrirle espacio a los sonidos del Caribe en la capital. Nacido en Medellín el 18 de noviembre de 1941, se radicó en Bogotá antes de cumplir los 30 años y convirtió la investigación musical en su camino de vida. Junto al economista Gustavo Bustamante y el fotógrafo Juan Guillermo Gaviria, creó un espacio que en sus inicios atrajo a melómanos, artistas, profesores y estudiantes interesados en el guaguancó, la música cubana y el latin jazz, transformando la discoteca en un centro de conversación y comunidad.
Una herencia que suena a cuero
La pasión por la salsa en El Goce Pagano es un asunto de familia. La responsabilidad cultural que empezó con César Pagano pasó por su hijo, Diego Naranjo, y llegó hasta su nieto, Sauk Naranjo, quien es el gerente del lugar desde 2012. Para ellos, este ritmo no es algo que se cambia cuando sale una tendencia nueva, sino una forma de habitar el mundo. Sauk es gerente desde 2012 y su trabajo ha sido lograr que la casa siga sonando y se adapte a la rumba bogotana sin desprenderse de su identidad.
El establecimiento no ha tenido un camino libre de obstáculos. A lo largo de sus 48 años de historia, atravesó mudanzas y dificultades significativas. Un golpe fuerte ocurrió en 2014, cuando las obras del Eje Ambiental y de la calle 26 complicaron el acceso al negocio, afectando la llegada de los clientes al sector.
El tesoro de las 50 mil piezas musicales
Más allá del baile, El Goce Pagano es el custodio de una de las colecciones salseras más grandes de Colombia. César Pagano reunió cerca de 50.000 piezas musicales en diversos formatos que funcionan como una biblioteca sonora. Según el inventario de la familia, este archivo cuenta con 20.000 elepés, 8.000 discos compactos, 5.000 casetes y 4.000 videos, además de miles de entrevistas.
Esta colección no nació del azar, sino de un deseo de preservar la memoria musical. Todo empezó con discos de jazz de Louis Armstrong y mambos de Pérez Prado, expandiéndose luego hacia sonidos de Puerto Rico, Cuba y otros rincones de América Latina. Entre sus primeras búsquedas destacan los acetatos de Lucho Bermúdez, la Sonora Matancera y Los Gaiteros de San Jacinto.
Archivo vivo y legado cultural
La labor de Pagano fue mucho más allá de coleccionar discos. La Secretaría de Cultura de Bogotá registró que reunió más de 1.700 entrevistas en audio y video a figuras monumentales como Celia Cruz, Joe Arroyo, Willie Colón, Daniel Santos, Cheo Feliciano, Totó la Momposina y Fruko. Parte de este material terminó en la Universidad Javeriana, la Biblioteca Nacional y la Biblioteca Luis Ángel Arango, ya que en 2021 Pagano manifestó que quería que su archivo fuera un patrimonio con función social y educativa en Colombia.
Su impacto cultural se extendió a la literatura y la radio. Pagano publicó libros como "Aquí el que baila gana" y "El imperio de la salsa", y desde 1978 dirigió espacios radiales enfocados en el bolero y la salsa. Además, la Secretaría de Cultura destacó que en escenarios como Salomé y El Goce Pagano se realizaron más de 4.000 actividades culturales que conectaron el baile con la vida nocturna y la conversación.
Si el lugar ha aguantado tanto tiempo es porque aquí la música no es el acompañamiento, sino el medio y el fin. Al final, como diría Héctor Lavoe, todo tiene su final, pero mientras El Goce Pagano siga abierto, la salsa seguirá mandando en el centro de la ciudad.
¿Quién se anima a ir a azotar baldosa un rato?
