El exmánager de Silvestre Dangond soltó la sopa: hay plata pendiente

Imagínense trabajar más de 20 años con alguien y que al final la cosa quede en un apretón de manos. Eso fue lo que pasó entre Carlos Bloom y Silvestre Dangond, quienes manejaron su carrera basándose únicamente en acuerdos de palabra, sin un solo contrato firmado hasta que decidieron separar sus caminos.
En una extensa entrevista, Bloom confesó que la ruptura no fue por un pleito, sino por el desgaste y el estrés tan bravo que implica manejar a un artista de talla internacional. El momento clave fue una reunión el 7 de diciembre en la casa del cantante, donde en la que participaron Bloom, Silvestre y su esposa, Bloom dejó el cargo libre al notar un distanciamiento en la dinámica de trabajo.
Pero aquí viene el chisme financiero. Para formalizar la salida, firmaron un documento donde el mismo Silvestre incluyó una cláusula para que Bloom siguiera recibiendo un porcentaje de las ganancias por un tiempo. El problema es que, según Bloom, el equipo actual del cantante no ha cumplido con esos pagos.
Bloom admitió que pecó de ingenuo y que el asunto "tiene como cuatro años" y que no ha querido aceptarlo, pues "es un buen dinero". Aunque no quiere armar un miercolero legal ni buscar confrontaciones, decidió hacer público el incumplimiento.
Lo curioso es que, a pesar de la plata pendiente, la relación personal sigue intacta. Bloom contó que mantiene una comunicación cordial y esporádica con el artista, e incluso su última conversación telefónica ocurrió pocos días antes de la entrevista, en el marco de una reunión social con el intérprete Beto Zabaleta.
O sea, que se quieren mucho, pero el cheque no llega. ¿Quién no se sentiría ingenuo después de dos décadas de trabajo?
