El secreto de Juanes para no volverse un robot musical

Mantenerse vigente en la música suena a una misión imposible, pero Juanes tiene una táctica muy clara: volver siempre al mismo lugar. Para él, el truco no es buscar la innovación forzada, sino regresar a la guitarra, a Medellín, a su familia y a esa sensación de cuando era un niño y cantar solo en la sala se sentía como enamorarse por primera vez.
Aunque lleve décadas llenando escenarios, ganando premios y viviendo en hoteles, el artista confiesa que todavía siente miedo antes de salir a tocar. Su vida ha sido un viaje constante donde aprendió a convivir con la soledad. De hecho, recuerda un momento hace dos o tres meses en el que despertó en un hotel y, al ver el techo, el teléfono y la lámpara, se dio cuenta de que lleva haciendo lo mismo desde que tiene 13 o 14 años. Para Juanes, esa soledad se convirtió en una forma de meditar, de hablar consigo mismo y de entender mejor qué quiere y qué no quiere en su vida.
Pero todo ese aislamiento desaparece cuando llega el show. El artista describe que entrar al escenario es como entrar en otra dimensión. Para él, esas dos horas de concierto compensan todo el esfuerzo previo, que consiste en largas horas de práctica y trabajo. Es esa conexión con la gente lo que lo motiva a seguir adelante, basándose en un principio básico: adaptarse a los tiempos, pero nunca traicionarse a sí mismo.
La música es, literalmente, su terapia. Juanes utiliza la composición para canalizar toda su energía, sea buena o mala, pasándola por el filtro de los acordes y las melodías. Esta pasión es tan intensa que su relación con la guitarra es casi obsesiva: duerme con el instrumento en la cama y no sale de su casa sin él, aunque no tenga un concierto programado. De hecho, cuenta que su esposa, Cecilia, a veces le pregunta para qué lleva la guitarra, a lo que él responde que simplemente tiene que practicar, porque si pasa un día sin tocar, se enloquece.
Esta conexión no es nueva. Al revisar sus álbumes familiares antiguos, los de fotos pegadas en libros, Juanes ve que en todas las imágenes de su infancia, incluyendo la de su primera comunión, aparece con la guitarra. Creció en un entorno musical; su papá cantaba por hobby y su hermano mayor, Javier, también toca y canta. Desde que tiene uso de razón, la rutina al llegar del colegio era que todos se pusieran a tocar, convirtiendo la guitarra en una proyección de su alma.
En cuanto a su evolución artística, Juanes tiene una filosofía de aprendizaje continuo. No cree que los maestros sean solo las personas mayores o los que ya fallecieron, sino que reconoce que hay maestros muy jóvenes de los cuales se puede aprender. Por eso, se mantiene escuchando todo lo que está pasando en la industria para absorber un poco de cada persona.
Para evitar caer en fórmulas repetitivas, y tras decidir no repetir la fórmula de "La camisa negra", Juanes aplica un método de experimentación rítmica para que sus canciones nazcan de la honestidad. Su proceso consiste en tomar elementos de géneros tradicionales y trasladarlos a formatos modernos. Por ejemplo, piensa en el bajo del vallenato y lo integra dentro de un formato más funk, o toca la guitarra simulando el sonido de un acordeón. También toma elementos de la caja vallenata y los convierte en un riff de guitarra eléctrica, uniendo sonidos que aparentemente no tendrían conexión entre sí.
Al final, después de darle la vuelta al mundo y expandir su conciencia desde Medellín hasta Bogotá, Manizales, Venezuela, Puerto Rico y Estados Unidos, Juanes siente que ha madurado hacia su infancia. Para él, todo el camino lo ha llevado de regreso a sus raíces, a sus papás y a su colegio, confirmando que el tesoro más valioso está adentro de uno mismo.
