Ni todo lo animado es para niños: la confusión con Wildwood que armó el chisme en redes

Myriam Montemayor se lanzó al cine esperando una historia tierna y terminó en medio de una polémica digital. La exintegrante de La Academia compartió en X que acudió a ver Wildwood: El bosque salvaje pensando que, por ser una caricatura, era contenido para niños, pero se topó con escenas de violencia y un lenguaje que consideró poco apropiados para los más pequeños.
Este momento dejó claro que todavía hay mucha gente que cree que si algo tiene dibujos, es automáticamente para ir con los hijos. La reacción de Montemayor abrió un debate sobre cómo la apariencia visual de una película puede engañarnos y hacernos ignorar lo más importante: la clasificación oficial.
El ABC de las clasificaciones en México y EE. UU.
Para evitar sustos como el de Myriam, lo ideal es revisar la ficha técnica. En México, Wildwood tiene clasificación B según Imagem Films, su distribuidora. Esta categoría es clara: está dirigida a adolescentes de 12 años en adelante.
Si miramos el lado estadounidense, la Motion Picture Association (MPA) fue todavía más específica al asignarle la clasificación PG-13. Esto significa que parte del contenido puede ser inapropiado para menores de 13 años. La guía de allá advierte sobre violencia fantástica intensa, imágenes sangrientas, temas de suicidio, lenguaje y desnudez parcial breve.
Estas advertencias no están ahí de adorno; sirven para que las familias decidan si la película encaja con la edad de sus hijos basándose en el contenido real y no en el estilo artístico.
Animación: un medio, no un género infantil
Esta confusión no es nueva y figuras como Guillermo del Toro llevan tiempo defendiendo que la animación es un medio cinematográfico, no un género exclusivo para niños. El cineasta mexicano ha destacado que esta técnica puede abordar temas profundos y complejos, algo que dejó claro durante la promoción de su versión de Pinocho. Incluso en 2023, al recibir el Globo de Oro por esa cinta, resumió su postura insistiendo en que la animación es cine en toda la extensión de la palabra.
El estudio LAIKA, responsable de Wildwood, tiene un historial que demuestra que no siempre buscan la ternura. Coraline y la puerta secreta es el ejemplo perfecto, mezclando terror y fantasía en una historia inquietante. Por otro lado, Anomalisa, de Charlie Kaufman y Duke Johnson, usa el stop motion para contar un drama hecho totalmente para adultos.
¿Cómo se decide qué es apto para quién?
En México, la tarea de poner orden recae en la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) de la Secretaría de Gobernación. Ellos establecen las clasificaciones para orientar al público a través de seis categorías distintas.
Para decidir en qué cajón va cada película, la RTC analiza elementos como la sexualidad, los desnudos, el consumo de drogas, el horror, el lenguaje y la violencia. No solo cuentan los elementos, sino la intensidad y la forma en que se presentan en la historia.
En Estados Unidos, la MPA usa un sistema diferente con cinco categorías principales. Aunque ambos sistemas quieren ayudar al espectador, no son equivalentes exactos. Cada país usa sus propios criterios, por lo que lo más inteligente es leer las advertencias específicas de cada cinta en lugar de solo comparar letras o números.
Al final, la historia de Myriam Montemayor es un recordatorio de que la técnica no define el público. Así como una película de acción real con actores no es necesariamente para adultos, unos personajes animados no garantizan que sea apta para niños. Antes de comprar los boletos, mejor checar la clasificación y no dejarse llevar solo por el tráiler o los colores.
¿Quién más ha llevado a sus sobrinos a una peli pensando que era infantil y terminó pidiendo disculpas?
