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La quinta de Toy Story llega a Disney+: ¿se banca la tablet contra Woody y Buzz?

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Después de arrasar en cines y facturar más de mil millones de dólares a nivel global, la quinta entrega de la saga insignia de Pixar finalmente desembarca en Disney+. Sí, los juguetes que nos marcaron a fuego están de vuelta, listos para la maratón desde la comodidad de tu sillón. Pero ojo: esta vez la trama viene con un giro que te va a hacer mirar de reojo el celular de tu sobrino.

Una saga que no sabe cuándo retirarse (y por eso la queremos)

Woody, Buzz Lightyear y compañía siguen sin jubilarse, y la gente sigue pagando entrada para verlos. No cualquier cifra, sino más de mil millones de dólares recaudados en cines: suficiente para que nadie en Pixar esté pensando en bajar la persiana. La premisa de esta entrega arranca con los juguetes de Bonnie preocupados por ella: la piba tiene dificultades para engancharse a jugar con otros chicos, recibe de regalo una tablet electrónica y la pantalla la absorbe por completo. ¿Te suena? Es una situación que muchos pibes y papás conocen de memoria, y que la película se anima a poner en el centro de la historia.

Ahí es donde Jessie se pone al hombro la película. Decidida a que Bonnie redescubra la magia de la niñez de verdad, se manda a una aventura, mientras Buzz y Woody intentan aguantar el fuerte. No es un rol menor el de Jessie: es, en buena medida, el corazón emocional de esta entrega, el personaje que carga con la misión y con el peso de demostrar que los juguetes todavía tienen algo para decirle a una generación criada con pantallas táctiles.

Tecno-críticos con renderizado de última generación

Detrás de la cámara, Andrew Stanton regresa como director a Pixar casi una década después. No es un nombre cualquiera: Stanton es uno de los cineastas originales del estudio y también escribe la historia de esta entrega. Con ese currículum, el debate sobre el impacto de la tecnología en el juego era inevitable, casi obligatorio. La película toca temas como la obsolescencia de los juguetes y la tentación de lo digital, y tiene sus momentos de sermón, sí, pero también intenta algo más maduro al explorar cómo conviven las pantallas con la imaginación de siempre.

Acá viene lo más irónico del asunto: un estudio que se sostiene precisamente en el avance tecnológico ahora se pone a mirar con lupa el efecto de las pantallas en la infancia. Es difícil morder la mano que te da de comer, especialmente cuando esa mano tiene un procesador de última generación. La película no resuelve esa tensión, y probablemente no podría hacerlo aunque quisiera. Lo que sí hace es plantearla con honestidad suficiente como para que valga la pena el ejercicio.

El problema mayor es que la sensación general es que la película roza la superficie del asunto para no perder el ritmo de aventura liviana que caracteriza a la saga. Entendemos que no quieren ponerse demasiado intensos, pero uno esperaría un poquito más de profundidad en un tema tan presente en la vida cotidiana de cualquier familia argentina de hoy.

Woody: ¿de ícono a relleno?

Un punto que hace ruido: la participación de personajes como Woody se siente desdibujada, relegada a subtramas que, para qué mentir, no están a la altura de su historia ni de lo que el personaje demostró ser capaz en entregas anteriores. Da la impresión de que lo traen por la chapa y la nostalgia, pero sin darle un arco narrativo que justifique el regreso. Si lo vas a rescatar, que sea para algo pulido, no para completar escenas mientras Jessie hace el trabajo pesado.

Y porque todos tenemos claro que una secuela más planea en el horizonte, la pregunta queda flotando: ¿hasta cuándo se puede estirar el chicle sin que pierda sabor? Esta entrega cumple, entretiene y tiene su cuota de ternura, pero deja más preguntas que respuestas sobre adónde va la saga. La tablet puede que no le gane la pulseada a Woody y Buzz en la pantalla grande, pero el paso del tiempo y la repetición de fórmulas sí los están complicando. Por ahora, igual, mil millones de dólares dicen que el mundo todavía no está listo para despedirse.

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.