El Sensei del Sexo: Guido Süller y su Polémico Relato de 'Changuito de Pueblo'

Guido Süller, figura constante de los programas de espectáculos, es conocido por sus declaraciones sin filtro. Su vida amorosa tampoco ha sido ajena al ojo público: hace un tiempo sorprendió al formalizar su relación con Hernán Sanabria, un joven 42 años menor que él, con quien se casó en abril de este año. Pero lo que volvió a ponerlo en el centro de todas las miradas fue una entrevista reciente donde decidió ventilar detalles muy íntimos de los inicios de ese romance. Y, como era de esperarse, el "modo Süller" no decepcionó… o quizás, sí.
El "changuito de pueblo" y la primera vez
La cosa arrancó con un «¿Podés creer que por Instagram me escribió un changuito de pueblo?». Uf. Ya ahí, el termómetro de la vergüenza ajena empezó a subir. Más allá de cómo se conocieron —por redes, algo de lo más común hoy en día—, lo que hizo ruido fue la forma. Llamarlo «changuito de pueblo» a un pibe de 19 años es, seamos sinceros, una bajada de línea bastante notable. Como si la procedencia geográfica o la juventud lo pusieran en una categoría inferior.
A continuación, Guido contó que lo primero que pregunta es si el otro es mayor de edad. Hasta ahí, responsabilidad pura. Pero lo que vino después no pasó desapercibido: al enterarse de que el joven tenía 19 años, le puso un rótulo en voz alta que hizo ruido. Ponerle esa etiqueta a alguien, y en público, ya es otro nivel de «¿qué necesidad?». Una invasión a la intimidad y una forma de posicionarse desde un lugar de superioridad que, honestamente, hoy genera más de una lectura incómoda. La diferencia de 42 años entre ellos, sumada a estas declaraciones, hace que todo suene aún más paternalista, por no decir otra cosa.
De la "enseñanza" a los diez veces al día
Pero la cosa no terminó ahí. Asumiendo su rol de experimentado, Guido le dijo a Hernán: «Vos relajate y yo te enseño». ¡Claro, el sensei del romance! La idea de "enseñarle" a tu pareja sobre intimidad, sobre todo cuando hay una diferencia de edad tan marcada, puede leerse —al menos— como una forma muy particular de encarar una relación. Después describió ese primer encuentro como algo romántico y suave: «Puse una música linda y fue más de besos, de caricias. No sé, como más romántico, digamos. No fue una cosa todo así salvaje». Un punto. Pero ¿era necesario todo este nivel de detalle en una entrevista? Una cosa es contar el inicio de un romance, y otra es dar un reporte minuto a minuto de la intimidad de dos personas.
Y la historia no se quedó en el pasado. Guido actualizó el estado de su vida íntima, haciendo referencia al «crecimiento» de su ahora esposo —que ya tiene 22 años— y remató con un «Imaginate diez veces en un día». ¡Basta, Guido, por favor! Lo que empezó con un pibe al que había que «enseñarle» derivó en un relato de encuentros maratónicos que, seamos sinceros, es información que nadie pidió ni necesitaba saber. Lo que está claro es que la privacidad, en el universo Süller, es un concepto bastante flexible.
La ola de críticas
Como era de esperarse, el relato no pasó desapercibido. Apenas se viralizaron las declaraciones, el repudio en redes sociales llegó a niveles altísimos. Los usuarios señalaron la forma en que Guido se refirió a su pareja y el exceso de detalles íntimos que, para muchos, rozan lo inapropiado y lo condescendiente. La diferencia de edad combinada con este tipo de afirmaciones generó lecturas sobre un posible desequilibrio en la dinámica de la relación, o al menos en la forma en que Süller la cuenta.
Hoy, con tanta conciencia sobre el consentimiento y el respeto a la privacidad, este tipo de declaraciones chocan fuerte. La gente está mucho más atenta a los discursos que pueden normalizar conductas que generan incomodidad. Y Guido, con su relato, pisó varias de esas líneas. Al final, ¿será que no aprende o simplemente no le importa lo que piensen los demás mientras dé que hablar?
