John Malkovich: el Oscar que se hace el difícil y una peli "perturbadora" que lo cambia todo

John Malkovich no necesita presentación. Este titán de la actuación, que nos voló la cabeza en "Relaciones peligrosas" y que ha llenado la pantalla con solo una mirada por décadas, es de esos tipos que consideran un "insulto" sentirse importantes. Paradoja pura: su carrera es un camino de éxitos, pero el Oscar se le viene haciendo el difícil. Estuvo a un pelito de llevárselo en dos oportunidades: en 1985 con "En un lugar del corazón" y en 1994 con "En la línea de fuego". Desde entonces, nada.
Pero eso no lo detuvo para venir a hacer teatro por acá. A mediados de marzo se presentó en el Teatro Ópera con "El infame Ramírez Hoffman", una pieza basada en un relato de Roberto Bolaño que exploraba la oscuridad de un militar obsesionado con la literatura durante el régimen de Pinochet. Una joyita que dejó pensando a más de uno. Y justo ahora, con el recuerdo fresco de su paso por Argentina, vuelve a sonar fuerte para los premios más importantes del cine.
¿El Oscar que no quería?
Este año, Malkovich podría tener su revancha. La peli que tiene a todos hablando es "Caballo salvaje nueve", y tiene todo para darle su primera nominación en 33 años. De hecho, ya se llevó la prestigiosa Coppa Volpi al mejor actor en la 83ª edición del Festival de Cine de Venecia. No fue a la entrega —mandó un video desde la comodidad de quién sabe dónde, re low profile— pero el premio ya está. Los críticos dicen que a él y a la peli les espera una temporada de premios arrasadora.
Pero, como buen anti-estrella, Malkovich insiste en que sentirse importante es un insulto. ¿Será verdad que no le importa? ¿O es su forma de hacerse el copado? La verdad, con el laburo que hace, ya nos da un premio a nosotros.
Una comedia negra que duele y te hace reír
"Caballo salvaje nueve" no es una peli cualquiera. Dirigida por Martin McDonagh —el mismo de "Tres anuncios para un crimen" y "Los espíritus de la isla"— el elenco es una bomba: además de Malkovich, están Sam Rockwell, Steve Buscemi, la actriz chilena Mariana di Girolamo y nuestra Ailín Salas, ¡orgullo nacional! Y como si fuera poco, también aparecen Parker Posey y el mismísimo Tom Waits.
La peli ya hizo ruido en la Mostra de Venecia, donde recibió una ovación de catorce minutos (¡catorce! ¿te imaginás?), y va a abrir el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Después, el 12 de noviembre, la tenemos en salas comerciales.
¿De qué va? Dos agentes de la CIA —Chris (Malkovich) y Lee (Rockwell)— viajan de Santiago de Chile a la Isla de Pascua en 1973, justo antes del golpe contra Salvador Allende. Una misión especial (o varias) rodeada de moáis gigantes y el Pacífico inmenso. Entre esos paisajes imponentes, la peli bucea en los horrores del pasado, la lealtad entre compañeros y esas preguntas existenciales sobre la culpa y la redención, todo condimentado con un humor negro que te hace reír para no llorar. Una lupa sobre la política exterior de Estados Unidos y la intromisión de la CIA en la historia de Chile y de toda Latinoamérica.
El quilombo latinoamericano en la pantalla
Malkovich, que ya demostró su conexión con nuestra historia cuando vino a presentar "El infame Ramírez Hoffman", sabe perfectamente que esta peli va a generar revuelo. Considera que la historia resultará muy perturbadora para la gente de Chile, Argentina y Brasil. Y tiene razón: nosotros vivimos y respiramos esas consecuencias, las heridas de esa época siguen abiertas.
Sam Rockwell, por su parte, contó que tuvo que informarse sobre Pinochet y todo lo que pasó para entender el trasfondo. Su personaje, Lee, es un tipo del sistema que no quiere generar olas, mientras que Chris, el de Malkovich, es el que agita el avispero. Esa dualidad —el que tiene anteojeras versus el disruptor que te pincha para que veas la verdad— es el corazón de la película.
Cuando el humor no es para todos
Malkovich tiene muy claro que la recepción no va a ser la misma en todos lados. En Estados Unidos, la gente va a reconocer a los personajes —dos tipos medio imbéciles, tristes y divertidos a la vez— y, en cierto modo, va a reconocerse a sí misma. Pero la conciencia histórica es otra historia: el propio Malkovich duda de que más del uno por ciento de los estadounidenses sepan lo que ocurrió en Chile el 11 de septiembre de 1973. Y si saben algo, es únicamente por comparación con el 11 de septiembre de 2001 en su propio país. Un palazo a la memoria colectiva yanqui, sin anestesia.
Para nosotros, en cambio, las repercusiones de lo de Allende continúan traumatizando, indignando y preocupando a muchísima gente en todo el arco político. No es una anécdota lejana, sino parte de una identidad, de un dolor que aún resuena. Esta peli, con su mezcla de humor negro y tragedia histórica, nos va a pegar distinto. Y eso, justamente, es lo que la hace tan poderosa.
Así que, mientras Malkovich sigue diciendo que no le importa un pito el Oscar, nosotros ya estamos sacando turno para ver "Caballo salvaje nueve" y debatir qué tanto nos revuelve el pasado. ¿Vos, te animás a esta montaña rusa de risas incómodas y reflexiones profundas?
