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El calvario del hijo de Flor Peña: amenazas, robos y una amistad de terror

via Instagram @flor_de_p

Cuando hablamos de Florencia Peña, pensamos en una de las figuras más versátiles y queridas de la Argentina. Actriz, comediante y conductora que arrancó su carrera a los cuatro años, siempre con ese carisma que la distingue. Pero más allá de los flashes, la vida privada a veces te golpea de formas inesperadas. Y eso fue exactamente lo que le pasó a su hijo, Juan Otero, que desde los catorce años viene arrastrando una mochila pesada por una situación que, honestamente, es para no creer.

El calvario de Juan salió a la luz gracias a Pepe Ochoa en un programa de televisión, donde se revelaron detalles que te dejan la boca abierta. No estamos hablando de un chisme de pasillo, sino de un drama que duró años, con amenazas, extorsiones y una estafa emocional que todavía lo tiene a maltraer. Flor, como buena leona, hizo la denuncia, y recién ahora, después de mucho batallar, llegó una resolución judicial. Pero la cicatriz, para Juan, sigue ahí.

La "amistad" que se pudrió

Todo arrancó cuando Flor se mudó con su familia a un barrio privado en Pilar hace tres o cuatro años. Como suele pasar en estos lugares, uno se abre, se hace amigos entre los vecinos, y los chicos también. Juan, con catorce años en ese momento, se hizo recontra íntimo de una chica del barrio, unos años más grande que él. Una amistad normal de barrio, ¿no? Parecía. Pero el cuento de hadas duró poco y se convirtió en una pesadilla de terror.

De repente, Flor empezó a notar que le faltaban cosas de la casa. Y como si eso fuera poco, su tarjeta de crédito empezó a registrar gastos rarísimos, sobre todo en una aplicación de pagos. Cuando les preguntó a sus hijos, ellos juraron que no tenían nada que ver. Lógico, lo primero que pensó fue en un error y se comunicó con el banco para desconocer esas compras. Pero al mes siguiente los gastos se duplicaron y la preocupación de Flor se fue al límite. Algo raro estaba pasando, y ella lo sentía en el aire.

Del miedo a la denuncia: un calvario sin pruebas

Fue Juan quien, en un momento de quiebre, se animó a contarle la verdad a su mamá: la chica y su madre lo tenían amenazado, extorsionándolo con una situación que para un adolescente debe haber sido tremenda. Y la cosa no terminaba ahí: si no les daba plata, iban a contar todo a los medios. ¿Te imaginás el pánico de un pibe de catorce años, con sus padres figuras públicas, bajo esa presión? Un bajón absoluto.

Flor fue a hablar con la madre de la chica, pero la mujer negó todo. El problema es que, aunque Juan estuvo cuatro meses bajo esa extorsión, al principio no había pruebas concretas. Las amenazas eran cara a cara, sin dejar rastro. Armar una causa penal sólida en esas condiciones era cuesta arriba. La cosa escaló cuando una cuenta anónima empezó a amenazar a Flor directamente, ya no solo al pibe, sino a la figura pública.

Con paciencia y mucho laburo, la investigación dio con la clave: el usuario de esa cuenta tenía el IP rastreado a la casa de la familia. Ahí se les cayó la careta. Hubo allanamientos, se secuestraron teléfonos y computadoras, y de ahí salieron las pruebas. Frente a la evidencia, las acusadas terminaron aceptando los delitos de presuntas estafas, amenazas y extorsión para no ir a un juicio oral y evitar una pena máxima. Una especie de alivio, sí, pero el daño ya estaba hecho. Para Flor queda una pregunta sin respuesta: querría conectarse con la chica para entender qué fue lo que realmente pasó.

Pepe Ochoa intentó hablar con Juan después de conocerse la resolución, pero el chico sigue sin superarlo, y no es para menos. Recibir el pedido de 500 dólares cada cuatro días, durante meses, fue una estafa no solo económica sino emocional que dejó una herida profunda. Un garrón que, por suerte, tuvo una resolución judicial, pero que claramente va a llevar tiempo cicatrizar. ¿Cómo se recupera uno de que una amiga y su madre te hayan usado de esa manera?

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.