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¡Tremendo! Bersuit desempolvó el día que Los Redondos cayeron a Cemento por una frase de Cordera

Upa, la que revivió. En una charla que bien podría ser un capítulo perdido de la historia del rock nacional, tres integrantes de Bersuit Vergarabat trajeron de vuelta una anécdota que durante años vivió en el territorio del mito urbano: la vez que figuras clave de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota cayeron al legendario local de San Telmo para pedirle explicaciones en persona a Gustavo Cordera.

El momento se dio durante la visita de Juan Subirá (teclados), Carlos Martín (batería) y Dani Suárez (voz) al ciclo de streaming Sin Reloj, conducido por Lautaro Maislin en Carnaval. Ahí, entre risas y alguna que otra pausa de quienes revisan el pasado sabiendo cómo terminó todo, abrieron el cofre y desclasificaron uno de esos episodios que ayudaron a forjar la leyenda del rock argentino.

La frase que encendió la mecha

El quilombo arrancó por unas declaraciones de Gustavo Cordera —entonces cantante de Bersuit— en la revista El Porteño. Según explicó Martín, el Pelado se había referido a una banda con una fuerte popularidad y una comunidad muy movilizada alrededor de su música. El destinatario no hizo falta nombrarlo: Los Redondos. Cordera, en ese momento, eligió opinar sobre algo que, en palabras de Martín, era condicionante o complicado, y eso tuvo consecuencias.

Martín no anduvo con vueltas para juzgar la movida: "El Pelado habló gilada". Su lectura fue que Cordera buscaba notoriedad a través de una polémica vinculada a una formación que, para entonces, ya tenía una relación intensa y particular con su público. Una relación que, dicho de paso, Los Redondos habían construido durante años desde La Plata, con una identidad musical y un universo simbólico tan propios que sus fans —los Redonditos— eran (y son) una comunidad aparte dentro del rock argentino. Meterse con eso era, como mínimo, arriesgado. "Vos no podías tirar contra una banda tan popular. Y si sabías algo que era condicionante o complicado, no lo digas. ¿Para qué?", resumió Martín. Subirá, con la sabiduría del que ya cerró el tema hace rato, lo cortó corto: "Ya está, ya está".

Cemento: el duelo y el delirio

La versión que circuló en su momento decía que el Indio Solari y Skay Beilinson habían llegado a Cemento armados. Subirá y Martín se encargaron de desmentirlo con claridad: ninguno de los dos vio armas. La ametralladora quedó para la fantasía colectiva del rock, tranquilos.

Lo que sí pasó fue esto: Bersuit había terminado de tocar cuando aparecieron la Negra Poly, Skay y el Indio. Martín lo reconstruyó como si fuera una obra de teatro con distribución de escena incluida. Poly —pareja de Skay y manager de Los Redondos— se puso frente a Cordera; Skay se ubicó a un costado; y el Indio, al otro. Hasta ahí, una situación incómoda pero razonablemente predecible.

Lo surrealista vino después: en lugar de una sola conversación, hubo dos en simultáneo. Mientras Poly le cuestionaba todo a Cordera, el Indio se sentó frente a Martín y se puso a charlar con él. El baterista se encontró, de repente, escuchando al Indio Solari de frente mientras a metros suyos se cocinaba un problema muy grande que no podía seguir. "Yo justo me siento frente al Indio y el Indio me hablaba a mí", contó Martín, todavía con cara de no terminar de creerlo.

Del lado de Cordera, la cosa estaba brava. Poly tenía la iniciativa completa: cualquier cosa que él intentaba decir recibía una respuesta inmediata, sin pausa ni concesiones. "No pudo meter bocado porque habló todo el tiempo ella", completó Martín. La tensión era tal que el baterista describió el clima con una imagen bastante elocuente: parecía que le iba a pegar directamente.

Y en el medio de todo ese quilombo, Skay Beilinson. Mientras la Negra Poly desarmaba a Cordera argumento por argumento y el Indio le hablaba a Martín de quién sabe qué, el guitarrista estaba ahí, en el medio de los dos, partiéndose de risa. Imaginate esa escena. Un delirio total que, con los años, se fue sedimentando hasta convertirse en parte del anecdotario de la banda. "Fue una estupidez y un aprendizaje también", cerró Martín, antes de preguntarse en voz alta para qué alguien se metería en la interna de otra banda: "¿Sos loco vos? ¿Para qué? Cada banda se organiza como puede en el fondo de su ser, como puede, como quiere".

De la interna rockera al Gran Hermano de hoy

Dani Suárez encontró el hilo que conecta esa historia con el presente. Antes, los cruces eran entre artistas, productores o personas cercanas a una escena determinada. Hoy, miles de usuarios opinan a diario sobre situaciones internas que no conocen de primera mano. "Hoy eso se diluye con la gente comentando, porque hoy sí todo el mundo se mete con las internas de todos", planteó.

Martín lo bajó a tierra con un ejemplo concreto: los mensajes que recibe Bersuit sobre la eventual vuelta de Cordera. Desconocidos que opinan con la misma convicción que si fueran parte de la banda. Maislin lo comparó con un reality show, y Martín coincidió sin dudar: "Como si fuese un Gran Hermano". Al menos la anécdota dejó algo en limpio: hasta en las situaciones más tensas del rock argentino, Skay Beilinson siempre tuvo la mejor onda.

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.