Fito no se calla nada: "No voy a tolerar que usen la música para detener el alma humana"

Hay artistas que dan notas para promocionar un disco y hay artistas que dan notas para decir lo que piensan aunque les explote en la cara. Fito Páez es, sin dudas, de los segundos. Esta vez se sentó con Mario Pergolini y lo que empezó como una charla sobre el mundo moderno terminó en una declaración que le dio la vuelta a todos los que siguen de cerca al músico rosarino.
Para entender el contexto: Fito no estaba hablando de su playlist personal ni de lo que suena en los boliches. Estaba repasando, a su manera, décadas enteras de transformaciones: la revolución tecnológica, la caída del comunismo, la invasión de Estados Unidos a Panamá, entre otros hechos que, según él, fueron dando forma al mundo que habitamos hoy. Un panorama amplio, cargado y muy a su estilo.
El diagnóstico de Fito
En ese recorrido, Fito citó al filósofo italiano Franco "Bifo" Berardi —sí, con nombre y apellido completo, porque cuando Fito hace referencias, las hace bien— para plantear que el mundo lleva décadas invadido por lo que llamó "la demencia masiva". No es una queja menor ni una chicana de boliche: es un diagnóstico cultural que viene construyendo desde hace tiempo y que, en esta charla, quedó expresado con toda la contundencia que lo caracteriza.
Fue dentro de ese marco que llegó la frase que nadie dejó pasar: "La aparición de géneros o subgéneros musicales que después fueron usados para detener el alma humana. Y eso no lo voy a tolerar". Fito no mencionó géneros ni artistas concretos, pero la reflexión se enmarca en las transformaciones que vivió la música popular en las últimas décadas. Para él, no se trata de un simple debate de gustos: lo que está en juego, en su lectura, es algo mucho más profundo que tiene que ver con el lugar de la belleza en la vida humana.
Un trovador que no negocia
Rodolfo Páez Ávalos —así figura en el DNI, aunque el mundo entero lo conoce como Fito— es uno de los músicos más importantes del rock argentino y latinoamericano. Cantante, compositor, pianista y cineasta, lleva décadas construyendo una obra que incluye algunos de los discos más influyentes de la historia de la música en habla hispana. Su lugar en la conversación cultural no es el de alguien que opina desde afuera: es el de alguien que participó activamente en moldear lo que hoy entendemos como música popular argentina.
Eso explica, en parte, por qué sus declaraciones generan tanto ruido. Cuando Fito habla de la música y el alma humana, no lo hace desde una tribuna abstracta: lo hace desde adentro, con la autoridad de alguien que dedicó su vida entera a defender una cierta idea de lo que la música puede y debe hacer.
Y esta vez lo dejó clarísimo: no está dispuesto a bajar los brazos. "Voy a pelear hasta el último día de mi vida para que la belleza siga reinando en nuestro mundo", afirmó, y cerró con un contundente "¡He dicho!" que, viniendo de él, no suena a soberbia sino a convicción.
El momento de alivio cómico
Claro que una declaración así, lanzada con semejante intensidad, necesitaba su válvula de escape. Y fue el propio Fito quien se la tiró a Pergolini: "Te van a levantar el programa", le dijo entre risas. El conductor, que de estas batallas sabe un rato largo, le devolvió la pared: "No, nadie. No me van a levantar el programa. No tienen forma".
Ese ping-pong dice mucho de los dos. Pergolini —conductor histórico, referente de la radio y la televisión argentina, con décadas de carrera construidas sobre entender exactamente hasta dónde se puede ir— sabe perfectamente que Fito es el tipo de entrevistado que convierte una charla en un evento. Y Fito sabe que puede decir lo que piensa porque lo ha hecho siempre y no le fue tan mal.
¿Y entonces?
Más allá del chispazo puntual, lo que queda de esta charla es una pregunta que no tiene una sola respuesta correcta: ¿tiene razón Fito? ¿La proliferación de géneros y subgéneros musicales empobreció algo esencial, o es simplemente la mirada de un clásico que desconfía de lo nuevo? La tensión entre preservar una cierta idea de la belleza y abrirse a los cambios culturales no es nueva, y Fito no la inventó. Pero pocas personas en Argentina tienen la trayectoria y la voz para plantearla con esta intensidad.
Lo que sí es seguro es que el rosarino no está interesado en matizar. Hay cosas que, para él, no se negocian. Y la belleza es una de ellas.
