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¡Se le escapó el micrófono! Wanda Nara insultó a Karina Iavícoli en vivo y después se hizo la graciosa

Wanda Nara es modelo, conductora y, desde hace años, una de las personas más seguidas —y más consultadas— del espectáculo argentino. Eso tiene sus beneficios: contratos, flashes, portadas. Y tiene su precio: cuando tu pareja aparece en el centro de una denuncia del Banco Central por operaciones de más de 250 millones de dólares durante el cepo cambiario, la prensa llama a tu puerta. Y vos atendés, porque así funciona el trato.

Eso fue exactamente lo que pasó cuando se conoció la situación que involucra a Martín Migueles, su novio. La noticia era grande: el Banco Central lo había denunciado por operaciones de esa magnitud durante el cepo. Casi nada. Y si algo aprendimos de años de seguir a Wanda es que ella no esquiva la cámara. Dio el móvil, respondió, y por un momento pareció que todo iba a quedar en una nota más del ciclo.

Karina Iavícoli fue la encargada de hacer la pregunta que flotaba en el aire: ¿cómo le afectaba la situación judicial de su pareja? La respuesta de Wanda fue un ejercicio notable de evasión con packaging feminista. Dijo que las mujeres tienen que independizarse, trabajar, vivir sus vidas, y que lo que hagan sus parejas, sus ex o sus novios, que lo arreglen ellos. Hasta ahí, una postura. Pero después sumó que si algún día tuviera que ir a tomar mate a la cárcel con algún ex que le cayera bien, iría, porque ella qué culpa tiene, ella trabaja. La frase arrancó más cejas levantadas que aplausos: mezclar liviandad con un tema de esa envergadura no siempre sale bien.

Hasta ahí, el móvil transcurrió dentro de los carriles habituales del género. Lo que vino después fue otra cosa.

Wanda creyó que el móvil había terminado. Bajó la guardia y soltó lo que venía guardando: un insulto dirigido a Iavícoli que quedó registrado en vivo, con un «esta pelo...» que se escuchó con toda claridad tanto en el estudio como en las casas de quienes estaban mirando. El silencio que siguió fue bastante elocuente.

Una hora después, Wanda publicó una historia con el texto «Uy, quedó abierto el mic» y un emoji de risa. El intento de convertir el papelón en chiste tiene su mérito: es rápido, es descontracturado y reconoce lo que pasó sin pedir disculpas formales. Si funciona o no como estrategia de daño colateral, es otra discusión. Lo que es seguro es que el clip ya había circulado lo suficiente como para que el emoji llegara tarde a apagar el incendio.

Iavícoli respondió con una calma que contrastó bastante con el exabrupto que había recibido. Primero señaló que lo ocurrido hablaba por sí solo de Wanda. Después fue más precisa: "De la manera en la que salta es porque le molestó lo que le pregunté". Y cerró con una idea que es, en el fondo, la regla básica del juego: "Ser figura como ella lo es, tiene que ver con esto también, una figura también se configura con escándalos, no solo de la parte rosa. Fui respetuosa".

Tiene razón, che. El paquete figura pública no viene solo con los contratos y los viajes. Viene con las preguntas incómodas, con los micrófonos que a veces quedan abiertos y con la prensa que hace exactamente su trabajo cuando aparece una denuncia del Banco Central. Iavícoli preguntó lo que tenía que preguntar, lo hizo con respeto, y el insulto que recibió a micrófono supuestamente cerrado no cambia eso.

Este episodio es, al final, un resumen bastante fiel de cómo funciona la relación entre las figuras y la prensa en Argentina. La exposición tiene reglas implícitas: cuando la noticia es buena, el micrófono es bienvenido; cuando incomoda, aparece la tentación de cerrarlo antes de tiempo. El problema es que a veces el micrófono no coopera. Y entonces queda todo grabado, para siempre, con emoji de risa incluido.

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.