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¿Qué le pasó a Michael Moore? De las salas de cine a tu podcast matutino

Si te preguntabas dónde había quedado ese director que nunca tiene pelos en la lengua, tenemos chismecito fresco. Michael Moore, el documentalista que se ganó un Oscar y el odio de medio gobierno estadounidense, decidió que las salas de cine ya no eran suficiente para su voz. ¿Quién lo culpa? La industria del entretenimiento es más volátil que la agenda de tu ex, y Moore siempre ha sido mejor adaptándose que rindiéndose.

Para quien no lo ubique bien: Moore es como el tío incómodo de la familia, pero en el buen sentido. El originario de Míchigan construyó su carrera siendo una piedra en el zapato del poder: crítico feroz de las grandes corporaciones, de las desigualdades económicas y sociales, y de la hipocresía política que permea Washington. Documentales como Fahrenheit 9/11 y Bowling for Columbine no eran solo películas; eran un puñetazo en la mesa que te dejaba pensando días. Lograron algo que muy pocos documentales consiguen: salir del circuito de festivales y convertirse en fenómenos culturales que la gente de a pie fue a ver al cine. Eso no se improvisa.

El brinco de la pantalla grande a lo digital

En 2018 intentó replicar esa fórmula con Fahrenheit 11/9, secuela espiritual de su película más famosa, enfocada en el ascenso de Donald Trump y la crisis hídrica de Flint, Míchigan, su ciudad natal. El tema era urgente, el gancho era obvio, pero la recaudación fue sumamente discreta. El público masivo ya no estaba tan conectado, o quizá estaba tan saturado de drama político real que pagar entrada para ver más no le apetecía. Sea cual sea la razón, el resultado fue claro: el modelo del gran estreno comercial ya no le funcionaba de la misma manera.

Lo que no hizo Moore fue sentarse a llorar. Simplemente buscó otras trincheras, y las encontró donde hoy vive la conversación política más inmediata: las plataformas digitales. Lanzó Rumble with Michael Moore, un podcast semanal disponible en Spotify y Apple Podcasts, donde analiza la coyuntura política global, debate sobre la crisis climática y sigue lanzando críticas directas contra los líderes republicanos y el establishment demócrata. Sin filtros, sin intermediarios, sin esperar los eternos procesos de producción del cine. Un micrófono, sus ideas y una audiencia que lo busca activamente: eso es exactamente lo que necesitaba.

Polémica al por mayor y conexión con la banda

Pero no se quedó solo en el audio. Moore es, ante todo, alguien que entiende cómo funciona la comunicación, y hoy eso significa ser multiplataforma. Abrió una comunidad en Substack donde publica ensayos de manera constante y coordina un club de lectura virtual con miles de suscriptores alrededor del mundo. Es una forma de mantener viva la conversación sin depender de los grandes estudios ni de la presión de un estreno masivo. Cada ensayo llega directo al correo de quien ya eligió leerlo, lo que convierte a su audiencia en algo mucho más valioso que espectadores ocasionales: son una comunidad activa.

Claro que no todo ha sido miel sobre hojuelas. En 2020 fungió como productor ejecutivo de Planet of the Humans, documental enfocado en el negocio de las energías renovables que desató enfrentamientos con la comunidad científica y los activistas climáticos, quienes lo acusaron de promover desinformación sobre el uso de tecnologías ecológicas. La polémica fue tan grande que YouTube lo retiró temporalmente de su plataforma. O sea, ni en lo digital se libra del drama, pero eso es parte de su encanto: Moore sin controversia no sería Moore.

Más allá de sus proyectos propios, el cineasta también colaboró en la distribución de metrajes relacionados con las protestas estudiantiles en apoyo a Palestina dentro de las universidades estadounidenses, siguiendo su línea de respaldar proyectos audiovisuales de corte independiente y guerrillero. Y sigue apareciendo como analista político invitado en noticieros de CNN, especialmente en temporada electoral, donde su presencia le garantiza un espacio en la discusión pública justo cuando más ruido hace.

Y no critica solo desde la pantalla o el micrófono: Moore intensificó su participación en la política interna de su natal Míchigan, respaldando abiertamente candidatos de la facción más progresista. Esa militancia activa le ha generado nuevos encontronazos con figuras conservadoras, y el propio Donald Trump ha retomado sus ataques públicos contra él en redes sociales. Porque si algo es seguro en la política estadounidense, es que a Michael Moore le encanta el rock and roll político, y Trump tampoco se queda callado.

Al final, su trayectoria es un ejemplo de adaptación sin perder la esencia. Reinventó sus métodos de distribución para que la polémica y el análisis crítico sigan vivos, aunque ahora lleguen a tus oídos mientras lavas los trastes o a tu correo un martes cualquiera. El formato cambió; el personaje, no. ¿Será esta la nueva forma de ser estrella del pensamiento crítico? Todo apunta a que sí, y Moore ya lleva varios años demostrándolo.

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.