Shirley: ¿obra de arte o dolor de cabeza fascinante?

Ok, vamos a ser honestos: el cine de Josephine Decker no es para cualquiera. Si esperas una película lineal, con sus reglas bien puestas y sin sorpresas, mejor busca otra cosa. Pero si te late lo arriesgado, lo que te saca de tu zona de confort y te hace pensar, entonces 'Shirley' podría ser tu próxima obsesión o tu próximo gran debate con tus amigos.
Para ponerte en contexto, Shirley Jackson no era cualquier escritora. ¡Para nada! La mente detrás de 'La maldición de Hill House' y el cuento 'La lotería', que todavía nos pone los pelos de punta. Su obra es oscura, perturbadora y súper influyente. Y Josephine Decker —directora, artista performática y actriz, la mente detrás de 'Madeline's Madeline' (que, si somos sinceros, para algunos fue un voladero de ideas inaguantable)— decidió sumergirse en una etapa muy particular de la vida de Jackson. Así que ya sabes que no vas a ver una biopic tradicional, de esas que te dan premio seguro en la temporada de galardones.
Un hogar, dos mujeres y mucho, mucho drama
La película nos lanza a finales de los 40, principios de los 50, en una casona de Vermont que, de tan bonita, ya da miedo. Ahí conocemos a Rose (Odessa Young), una chava bastante liberal para su época, que llega con su esposo (Logan Lerman) porque él va a trabajar con el marido de Shirley, Michael Stuhlbarg. Y como la vida es así de rara, terminan viviendo todos juntos. Ahí es donde empieza el verdadero desmadre.
Shirley Jackson —con la maestra Elisabeth Moss dándolo todo— está en medio de una crisis creativa y personal de esas que te paralizan. Agorafóbica, cínica y con un humor que muerde, convierte a Rose en su asistente, mucama y hasta en su blanco de burlas. La convivencia empieza con el pie izquierdo, pero poco a poco, entre confesiones sobre sus maridos y sus vidas no tan ideales, las dos mujeres desarrollan una conexión que va más allá de lo esperado. Es un viaje de autodescubrimiento para Rose y un catalizador para que Shirley salga de su letargo y empiece a escribir la novela 'Hangsaman'. La línea entre la realidad y la ficción se difumina un montón, y eso es lo más interesante de la trama.
El ojo que todo lo ve (y lo marea un poquito)
Ahora, hablemos del elefante en la sala: el estilo de Josephine Decker. Si te quejas de que el editor de tus tiktoks es muy intenso, prepárate. La directora filma con una urgencia que te sacude. Cortes cada tres segundos, cámaras que se mueven como si tuvieran prisa, focos que de repente se pierden… Es como si el lente tuviera su propia personalidad ansiosa. A veces te sientes incómodo, como si no pudieras concentrarte en la historia porque la cámara está haciendo su propio performance.
Pero aquí viene el giro: ese caos visual no es gratuito. Decker usa su estilo para reflejar el universo perturbado y extraño de Jackson. Es una forma de alejarse de esas biopics acartonadas y oscarizables que ya conocemos. 'Shirley' es todo menos prolija; es arriesgada, moderna y, por momentos, hasta excesiva. Pero justo ahí radica su magia. Te obliga a ver el mundo a través de los ojos de una artista que no le tiene miedo a romper las reglas.
Elisabeth Moss: la reina que siempre entrega
Si hay una razón para ver 'Shirley' incluso si no conoces a la escritora o no estás seguro del estilo de Decker, es Elisabeth Moss. La actriz se transforma en Shirley Jackson con una interpretación brutal: logra mostrar la genialidad, la vulnerabilidad, la agresividad y el tormento de una mujer brillante atrapada en sus propios demonios. Es una actuación que te absorbe y te hace sentir la complejidad del personaje.
Los demás actores también hacen un gran trabajo, especialmente Odessa Young como Rose, cuyo personaje es catalizador y espejo de la locura que se vive en esa casa. La dinámica entre Moss y Young es el corazón de la película: una mezcla de repulsión, fascinación y una extraña intimidad.
Al final, 'Shirley' es una película que te reta. No da tregua, te incomoda y te exige estar presente en cada segundo. Pero si te animas a subirte a la montaña rusa de Josephine Decker, vas a encontrar una obra original, con actuaciones de primera y una mirada intensa a una de las mentes literarias más fascinantes de la historia. ¿Es para todos? ¡Ni de broma! Pero si te atreves, puede que te vuele la cabeza. Y eso, para MAD, ya es ganancia.
