El 'room tour' de 129 mil pesos: balconean a Luisa María Alcalde por sus lujosas esculturas

Imagínense la escena: es la mañana, están desayunando tranquilamente, le echan ojo a la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en la tablet y deciden subir una foto súper casual a Instagram. Eso fue justo lo que hizo Luisa María Alcalde, la Consejera Jurídica de la Presidencia de México, pero lo que parecía un momento equis se convirtió en el tema del día gracias a un ojo de águila en internet.
El periodista Jorge García Orozco fue quien le hizo el zoom a la imagen y descubrió el detalle que sacó de onda a más de uno: las simples esculturas que decoraban el mueble de la funcionaria no eran nada baratas, ¡ni tantito!
Resulta que una de las piezas, que a simple vista podría pasar por un adorno más, es en realidad una obra del artista, diseñador y arquitecto mexicano Pedro Friedeberg. ¿El precio? Nada más y nada menos que 38 mil pesos. Pero la cosa no paró ahí. Gracias a las capturas de pantalla que circularon antes de que las stories de Alcalde desaparecieran —qué rápido se borran los descuidos—, se pudo ver otra joya: una versión miniatura de la icónica silla con forma de mano de Friedeberg, que en galerías especializadas se ofrece por 60 mil pesos. Y para rematar, a un ladito, un jarrón del artista oaxaqueño Amador Montes, valuado en 28 mil pesos. En total, el pequeño rincón de arte en el mueble sumaba 129 mil pesos. ¡Ahí nomás!
El costo puso el dedo en la llaga, especialmente porque los políticos de Morena suelen ser blanco de críticas por sus gastos personales. La austeridad que tanto promovió el expresidente Andrés Manuel López Obrador ha convertido cualquier lujito exhibido en redes —desde bolsos de diseñador hasta joyas— en bandera roja. Las esculturas de Friedeberg y Montes no fueron la excepción. Vale aclarar que se desconoce si las piezas son una compra personal o tienen otro origen; la polémica, de todas formas, ya estaba servida.
Pedro Friedeberg: el genio que rechazaba las etiquetas
Friedeberg no era cualquier artista, era un ícono. Nacido en Florencia, Italia, en 1936, llegó a México escapando de la guerra y se convirtió en uno de los grandes. Su trabajo era una mezcla explosiva de dibujo, pintura, escultura, mobiliario y diseño gráfico, con composiciones geométricas, referencias al barroco, al tarot y a diversas tradiciones religiosas. Aunque muchos lo encasillaban en el surrealismo, él mismo rechazaba esa etiqueta. Formó parte de un grupo de artistas irreverentes en México, junto a figuras como Leonora Carrington, que le daban la vuelta a las convenciones y al arte político dominante de la época.
Su pieza más famosa es la Mano-Silla: un asiento con forma de mano creado a principios de los sesenta que debutó en París en 1962 y se volvió símbolo del diseño mexicano del siglo XX. Recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2012, y su obra forma parte de colecciones como las del Museo de Arte Moderno, el MUAC, el LACMA y el Smithsonian. Ver una pieza suya en una casa es, sin duda, un statement.
Amador Montes: el arte oaxaqueño con toque contemporáneo
Pero no todo era Friedeberg en el mueble de Alcalde. También estaba Amador Montes, artista plástico originario de Oaxaca, nacido en 1975, cuyo trabajo abarca pintura, dibujo, gráfica y diseño. Su iconografía está llena de insectos, mariposas, animales, letras y elementos de la cultura oaxaqueña, todo mezclado con técnicas contemporáneas como la aerografía. El propio Montes ha señalado que los insectos son una presencia cotidiana en su entorno y una fuente central de su obra. Tener una pieza suya es llevarse un pedacito de esa magia a casa.
El arte de la contradicción
La situación nos deja pensando. Por un lado, qué padre ver arte mexicano de este calibre. Por el otro, el timing y el contexto político no le hacen ningún favor a nadie. Cuando el discurso oficial es de primero los pobres, mostrar una colección valuada en más de cien mil pesos —aunque sea de artistas mexicanos— se parece bastante a un gol en propia puerta. ¿Hay de queso, o nomás de papa?
