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Pacífico: cuando el ego y las ganas de 'sanar' terminan en una pesadilla marina

Imagínense irse de viaje para 'desconectarse' y terminar en una odisea de supervivencia. Eso es exactamente lo que pasa en Pacífico (2026), la película de Riccardo Gabrielli que ya aterrizó en las pantallas colombianas. La historia se basa en un suceso real, aunque obviamente le metieron el toque dramático para que no sea un simple documental, y nos pone en los zapatos de unos turistas que creen que el mundo es su patio trasero.

El parche está conformado por un grupo de personas que contratan una agencia de viajes para ir a la Isla de Malpelo. El plan suena increíble: conocer la fauna exótica de uno de los rincones más alejados de Colombia. Entre el elenco vemos caras conocidas como Juan Pablo Raba, Carolina Guerra, Marlon Moreno, Tata Ariza, Sebastián Eslava, Elkin Díaz, Nicolás Montero, Luis Fernando Hoyos, Natalia Lara, Pedro José Payares y Manuel Salinas.

El ego contra la corriente

Todo empieza como un sueño mágico, pero el ambiente cambia drásticamente el último día. La trama se centra en los personajes de Juan Pablo Raba y Carolina Guerra, quienes lideran al grupo en una decisión nefasta: romper las reglas del santuario. Resulta que en Malpelo las inmersiones solo se pueden hacer antes del atardecer, pero ellos, en su afán de encontrar respuestas personales y una especie de sanación espiritual, convencen a los demás y al guía de lanzarse al agua prácticamente de noche.

Aquí es donde entra la parte crítica: la naturaleza no perdona el exceso de confianza. El personaje de Raba se roba la atención, pero no precisamente por ser un ejemplo a seguir. Su terquedad y egoísmo son el motor que lleva a todo el grupo a una situación límite. Terminan perdiéndose a la deriva durante una noche y un día enteros, enfrentando el frío, el hambre, la muerte y los animales mientras luchan por sobrevivir.

Más allá de la acción, la película nos deja una lección clarísima sobre el egoísmo y esa falsa sensación de control que algunos tienen. Es un recordatorio de que la naturaleza no existe para cumplir nuestros caprichos y que hay límites que no se deben cruzar. Básicamente, es un llamado a respetar las instrucciones, confiar en los guías y entender que meterse en territorios exóticos implica riesgos que no siempre podemos manejar.

Lo que funcionó y lo que dejó a deber

En la parte íntima, la historia plantea que los problemas familiares no se solucionan escapando a experiencias extremas. El viaje es un escape, sí, pero termina siendo la confrontación directa con todo aquello de lo que los personajes querían huir. Sin embargo, no todo es perfecto en la ejecución. Hay decisiones en el guion que dejan a uno rascándose la cabeza, como la razón por la cual el personaje de Carolina Guerra tiene un escolta, interpretado por Nicolás Montero.

Otro punto débil es la lógica del guía, interpretado por Elkin Díaz. Es difícil procesar que un profesional experimentado, y que además estaba cansado tras una expedición adicional, aceptara cumplir el capricho de unos turistas y permitiera una inmersión fuera del horario. Además, aunque se intuyen historias personales fuertes que motivan el viaje, sentimos que pudieron haberse explorado mucho más para que la decisión de desafiar las reglas tuviera más peso dramático.

Visuales impactantes pero incompletos

En cuanto a la parte técnica, la película tiene tomas impresionantes del mar y las islas, además de imágenes submarinas que llaman la atención. Pero aquí viene la paradoja: los actores contaron en entrevistas que se encontraron con ballenas, tiburones y criaturas increíbles durante las inmersiones, pero gran parte de ese material no llegó al corte final. En su lugar, la cinta usa efectos digitales y ayudas visuales.

Es una lástima que, habiendo asumido el riesgo de grabar en un lugar tan extremo del Pacífico Colombiano, no se aprovechara al máximo el registro real de esos animales. A pesar de esto, la producción es rescatable por el riesgo que tomó de llevar a los actores a aguas abiertas y territorios complejos en lugar de quedarse en un estudio cómodo.

Al final, Pacífico es una película fácil de digerir que mezcla risas, suspenso y una reflexión interna que se queda dando vueltas. Eso sí, si ya sufren de talasofobia, prepárense porque esta historia probablemente les aumente el miedo al mar.

¿Quién se anima a ir a Malpelo ahora o prefieren quedarse en la piscina?

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.