Ana Lucía Pineda pone los puntos sobre las íes sobre su viaje a París y Piter Albeiro sale al rescate

Ana Lucía Pineda, la primera dama de Colombia, decidió romper el silencio frente a las críticas por su reciente visita a París. La empresaria viajó a la capital francesa acompañada de un grupo de artesanos durante la Semana de la Moda, un desplazamiento que generó comentarios y terminó encendiendo el debate público sobre quién financió su visita.
El ruido fue tal que incluso dentro del Pacto Histórico se empezaron a mover las aguas. El senador Alejandro Ocampo no se quedó callado y presentó un derecho de petición ante el Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre). El objetivo del senador es muy puntual: quiere que le entreguen información detallada sobre todos los gastos relacionados con ese viaje a Francia.
Ana Lucía Pineda, quien es administradora de empresas y esposa del presidente Abelardo de la Espriella, no esperó la respuesta oficial del Dapre para defenderse. A través de su cuenta de Instagram, dejó claro que no hubo fondos públicos de por medio. “Pagué todo con recursos propios. Puedo ir a París y a donde quiera en el mundo con mi plata”, escribió, cortando de raíz las dudas sobre el financiamiento de su visita.
El análisis legal de Piter Albeiro
Cuando la polémica estaba en su punto más alto, entró en escena Piter Albeiro. El humorista decidió ponerse el traje de defensor y publicó un texto extenso para explicar la realidad jurídica del rol de la primera dama en el país. Según Piter, hay una confusión generalizada porque mucha gente cree que quien ocupa ese lugar es una servidora pública, pero la realidad es otra: no lo es.
Para sustentar su punto, Piter Albeiro citó la Sentencia C-089A de 1994 de la Corte Constitucional. En ese fallo quedó establecido que la primera dama no ostenta el carácter de servidor público y que no forma parte del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (Dapre). El humorista enfatizó que ella solo tendría atribuciones públicas si existiera una ley específica que se las otorgara, cosa que no ha pasado.
Una figura sin presupuesto ni jefe
El análisis de Piter Albeiro profundizó en lo que significa, en la práctica, no ser funcionaria. Mencionó que las tareas relacionadas con el protocolo, la asistencia social y la beneficencia no le dan a la primera dama una dependencia administrativa, ni presupuesto propio, ni personal a cargo, y mucho menos autoridad sobre otros funcionarios públicos.
Esta visión coincide con el Concepto 015491 de 2020 del Departamento Administrativo de la Función Pública, el cual ratifica que la posición de la primera dama es la de un particular frente a la administración. De hecho, tanto la Presidencia como la Procuraduría han reiterado que ella no está en la estructura orgánica del Dapre, no recibe ingresos del Estado y, por ende, no tiene facultades para contratar, supervisar personal ni recibir viáticos.
Cero sueldo y cero horarios
Para cerrar con broche de oro y despejar cualquier duda que quedara sobre el trabajo social de Pineda en las últimas semanas, Piter Albeiro hizo un desglose casi quirúrgico de las condiciones de este rol. Empezó por el sueldo, aclarando que es inexistente: no hay asignación, remuneración ni prestaciones cargadas al presupuesto público.
Sobre el tiempo, señaló que no existe un horario, ya que al no ser un empleo público, no hay jornada laboral, manual de funciones ni régimen de horarios que cumplir. En cuanto a la rendición de cuentas, Piter fue tajante: no le rinde cuentas a nadie en calidad de funcionaria porque sencillamente no lo es, por lo que sus actos sociales o protocolarios no generan responsabilidad administrativa ni control disciplinario.
El humorista concluyó que, aunque es costumbre que las primeras damas acompañen actos oficiales o promuevan causas sociales, especialmente las ligadas a la infancia y el bienestar familiar, esto es una tradición y no un empleo creado por resolución legal. Básicamente, nos recordó que el cargo es más un acompañamiento que un puesto de trabajo con oficina y nómina.
