Este clásico de sci-fi en Prime Video no se basa en uno, sino en DOS libros

Un futuro no tan chido y los cerebritos detrás de él
Vamos a ser honestos: Ridley Scott es un genio cuando se trata de agarrar una historia y darle una atmósfera que te envuelve. ¿Quién no se acuerda de la tensión en Alien o la épica de Gladiador? El señor sabe lo que hace. Y en Blade Runner se lució con un futuro distópico que parece salido de nuestros peores sueños, pero que visualmente es un agasajo. Para darle vida a ese universo trajo a Harrison Ford, y verlo en un papel tan gris y moralmente ambiguo es un deleite.
La película nos transporta a un Los Ángeles de 2019 —sí, ya lo pasamos, pero qué chido se imaginaban el futuro antes— donde la humanidad ha creado a los replicantes: máquinas avanzadísimas, casi idénticas a los humanos, pero sin sentimientos, diseñadas para los trabajos más pesados y, seamos sinceros, para ser esclavos. Pero, como era de esperarse, tanto maltrato hizo que estos cuates evolucionaran, se hartaran y dijeran ya estuvo. Se armó la bronca, hubo una revuelta fallida y ahora los cazan unos agentes especiales llamados Blade Runners. Ahí es donde entra Rick Deckard, el personaje de Ford, con la misión de exterminar a los últimos replicantes que quedan. La mayoría tiene una fecha de caducidad de cuatro años. ¿Quién le pone un límite de vida a un robot?
¿Un libro? ¿Dos? ¡La historia detrás del nombre!
Lo más interesante de Blade Runner no es solo lo que ves en pantalla, sino cómo llegó ahí. Mucha gente sabe que se basa en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, escrita en 1968. Ese libro es la onda para entender los dilemas morales de Deckard en un futuro cyberpunk bien denso. Pero el término Blade Runner no sale de ahí.
Ese nombre viene de otra novela, The Bladerunner, escrita por Alan E. Nourse en 1974, que trataba de un futuro distópico donde los jóvenes vendían fármacos ilegales a los médicos. El escritor William Burroughs fue contratado para hacer un guion de cine basado en esa novela; nunca se concretó la idea, pero el guion se tituló Blade Runner. Le pagaron a Burroughs por los derechos del nombre y, pum, el resto es historia cinematográfica. Es una anécdota que te saca de onda y demuestra que hasta los grandes clásicos tienen sus curiosidades.
Más que una peli, un icono cultural
A más de 40 años de su estreno, Blade Runner no es solo una película; es un fenómeno cultural. Sus preguntas sobre la identidad y la memoria siguen siendo súper actuales, más ahora con todo el rollo de la IA que vemos en todos lados. Y ni hablar de su estilo visual: las calles lluviosas, los anuncios luminosos, los edificios imponentes; todo crea una atmósfera que te atrapa desde el primer minuto.
Así que ya sabes: si quieres ver una película que te rete, te emocione y te deje pensando por días, Blade Runner es tu mejor opción. Quítate la pena de que es viejita y anímate a sumergirte en este futuro distópico que, por alguna razón, se siente más real de lo que quisiéramos. Corre a Prime Video y me cuentas qué te parece.
