¡Corre, Forrest, corre! Tom Hanks reveló el chismecito detrás de la voz más icónica del cine

Cuando piensas en Tom Hanks, ¿qué se te viene a la mente? Probablemente, una lista interminable de peliculones y actuaciones que te han hecho reír, llorar y hasta pensar en la vida. Pero antes de ser el actorazo de drama que conocemos y amamos, Hanks era el rey de la comedia en los 80, conquistando la taquilla y los corazones con joyas como Un, dos, tres… Splash (1984), Despedida de soltero (1984) o Big (1988). Luego, como buen maestro de la reinvención, dio un giro de 180 grados en su carrera para adentrarse en papeles mucho más serios y profundos, demostrando que su rango actoral no tenía límites.
Fue justo en ese viraje que nos regaló interpretaciones que se convirtieron en leyenda. Primero nos rompió el corazón en Philadelphia (1993), donde su encarnación del joven abogado Andrew Beckett —despedido injustamente por contraer SIDA y luchando contra la discriminación homofóbica— le valió su primer Oscar como Mejor Actor Principal. Pero si eso te pareció increíble, agárrate, porque un año después hizo historia otra vez con Forrest Gump (1994). El filme es un viaje épico por la historia reciente de Estados Unidos, vista a través de los ojos de un hombre sencillo del sur con una discapacidad intelectual que, sin querer queriendo, termina siendo parte de algunos de los eventos más significativos de la segunda mitad del siglo XX, todo esto mientras persigue al amor de su vida, Jenny. Con este papel, Hanks se llevó su segundo Oscar consecutivo, un logro que hasta entonces solo unas pocas leyendas como Luise Rainer, Katharine Hepburn y Spencer Tracy habían alcanzado. ¡Casi nada, eh!
El acento que lo cambió todo
Pero hay un detalle que hace única a Forrest Gump más allá de su trama: esa voz tan peculiar de nuestro querido Forrest. ¿Te has preguntado alguna vez de dónde salió esa forma de hablar? Pues el propio Tom Hanks, en una aparición en el programa The Graham Norton Show en noviembre de 2015, soltó el chismecito completo y te prometemos que es mejor de lo que imaginas.
Resulta que Tom y el director Robert Zemeckis estaban en un aprieto buscando cómo darle ese toque especial al personaje. El problema era concreto: el pequeño Michael Conner Humphreys, el niño que interpretaría a Forrest en su infancia, tenía un acento sureño tan auténtico y marcado que la lógica del rodaje se puso de cabeza. En lugar de que Hanks le enseñara al niño a hablar como el personaje, a Tom se le prendió el foco: ¿por qué no hacer lo contrario y aprender él del chamaco?
Así que ambos pasaron un montón de tiempo juntos. Michael era de lo más profundo de Mississippi y pronunciaba una especie de -uh muy marcada al final de las palabras: no decía pensando, sino pensando-uh; haciendo sonaba como haciendo-uh. Para Hanks, fue una mina de oro. Y aquí viene la parte más curiosa: cuando Tom le preguntó a Michael a qué se dedicaba su papá, el niño respondió con toda la naturalidad del mundo que fabricaba grasa —usada, entre otras cosas, para hacer pintalabios—. Esa imagen, ese acento, esa -uh al final de pintalabios-uh, fue la revelación. La voz de uno de los personajes más icónicos del cine nació de un niño hablando de cosméticos en un dialecto sureño. Las cintas de casete con horas de esa charla deben ser un tesoro nacional.
Del set de filmación al campo de batalla
Lo más impactante de esta historia no es solo cómo se creó esa voz, sino qué pasó con ese pequeño actor. El propio Hanks reveló en esa misma entrevista que Michael Conner Humphreys creció para servir a su país: sirvió en Afganistán y hoy es veterano de guerra. De ser la inspiración involuntaria de un personaje inolvidable en la pantalla grande, a enfrentar la durísima realidad de un conflicto armado. Es una de esas historias que te dejan pensando en los caminos inesperados y a veces brutales de la vida, muy lejos del glamour de Hollywood.
Aunque Michael ya no habla con ese acento tan marcado que tanto le sirvió a Hanks, la huella que dejó en la carrera del actor y en la memoria de los cinéfilos es imborrable. Es un recordatorio de cómo los detalles más pequeños pueden tener el impacto más grande en la creación artística. La neta, Tom Hanks no solo es un actorazo: también es un contador de historias de primer nivel. Y esta, con el pequeño Forrest y su destino inesperado, es de las buenas.
