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Náfer Durán: el rey del tono menor y el coleccionista de sombreros

Náfer Durán es un juglar vallenato y coleccionista de sombreros. Conocido como el "rey del tono menor", Durán logró grabar 80 canciones en esa tonalidad específica, un sello personal que lo llevó a coronarse en el Festival de la Leyenda Vallenata en 1967, momento después del cual fue declarado fuera de concurso.

Este juglar, que tenía 93 años según la fuente, representa el folclor regional. Los investigadores de su pueblo aseguraban que era el músico vivo más longevo del mundo, pero la crónica concluye que no lo era.

Una escuela entre el monte y el ganado

La formación de Náfer no pasó por conservatorios ni partituras. Aprendió a tocar el acordeón a los siete años, de manera empírica y sin instrucciones formales. Para él, el instrumento no se enseña con pentagramas; era algo que fluía naturalmente mientras salía del monte tocando pito.

Gran parte de sus primeros años estuvieron ligados al trabajo duro. Laboró junto a sus hermanos Luis, Alejo y Sabina en la Hacienda Santa Bárbara de las Cabezas, un territorio extenso de cerca de 78 mil hectáreas en el Cesar. Esta propiedad, que pertenecía a la familia Gutiérrez de Piñeres, tenía como puntos de partida El Paso y limitaba con Valledupar, marcando el entorno donde se forjó su carácter y su música.

Batallas, piquerias y amores

La trayectoria de Durán estuvo llena de desafíos musicales conocidos como piquerias. Una de las disputas más recordadas fue contra Samuelito Martínez, otro juglar de la zona de La Loma. Según cuentan los investigadores, este enfrentamiento llegó a un punto crítico cuando su hermano Luis le reventó un acordeón en la cabeza a Samuelito en medio de la competencia de destrezas con el instrumento, una historia que el propio Náfer prefería evadir comparándola con las disputas entre Emiliano y Morales.

Fuera de los escenarios y las batallas musicales, su vida personal fue igual de prolífica. Aunque en un primer momento mencionó haber tenido 12 hijos, luego rectificó asegurando que fueron como 17. Incluso a los 90 años, mientras era homenajeado por sus paisanos, seguía manteniendo su espíritu romántico, esperando viajes a Valledupar para encontrarse con su novia.

El ritual del sombrero y el café

Para Náfer, la imagen personal era fundamental, especialmente el uso del sombrero. Una vez afirmó que "uno sin sombrero no se ve bien", y cambió inmediatamente su accesorio negro de ala ancha por uno gris que le regalaron los Gutiérrez de Piñeres. Sus hijos aseguran que su colección de sombreros supera la cantidad de descendientes que tuvo.

Sus rutinas diarias eran sencillas y constantes. Realizaba un recorrido matutino donde tomaba una taza de café en cada parada donde lo saludaban. Luego, regresaba a su terraza para sentarse en una silla Rimax blanca, bajo la sombra de un árbol de mango que servía como sombrilla, esperando visitas o recados mientras tomaba más café.

En los encuentros que describe el cronista, vestía con sencillez: pantalones de lino blanco o gabardina gris, camisas a cuadros azules o amarillos apagados y zapatos cafés. A pesar de usar un marcapasos, mantenía un semblante vigoroso y una sonrisa noble y pícara. Aunque en ocasiones bromeaba susurrando que necesitaba ayuda del Gobierno, contaba con el apoyo económico de sus hijos y recibía un pequeño auxilio por su condición de juglar, asegurando que en su cocina siempre hubiera sopa de costilla.

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.