La isla olvidada: una aventura animada que celebra la amistad con desborde de color y karaoke

Amigos, se nos viene un peliculón animado que ya nos tiene contando los días. La isla olvidada (Forgotten Island, 2026) llega de la mano de Joel Crawford y Januel P. Mercado, los mismos que nos regalaron El gato con botas: El último deseo, así que ya se imaginarán el nivelazo visual y narrativo que esperamos.
La película se mete de lleno en la cultura filipina, un terreno casi virgen para las grandes producciones de Hollywood, y qué bueno que lo exploran así. Costumbres, leyendas ancestrales, figuras míticas y familiares se entrelazan en un festín de colores estridentes y técnicas de animación que se salen de lo común. Pero el verdadero corazón de la historia son Jo y Raissa, dos amigas inseparables desde la infancia, unidas por su fascinación por los mitos más oscuros del folclore de su tierra.
Un viaje a los 90 y a un mundo olvidado
La historia nos transporta a los años 90, y para Jo y Raissa eso significa un sinfín de aventuras. Todo empieza con los cuentos de Lola, la abuela de Jo, que alimentan sus fantasías y su espíritu intrépido. Desde personificar a Manang, la vampiresa sanguinaria de esas leyendas, frente a todo el colegio, hasta conducir un colectivo hasta la playa mucho antes de que fuera legal que lo hicieran, estas chicas son pura adrenalina. Y es en esa misma playa donde encuentran el talismán que las catapulta a Nakali, la enigmática isla olvidada que le da nombre a la película.
Pero este viaje no podía llegar en un momento más crucial para su amistad. Mientras Raissa se prepara para empacar maletas rumbo a la universidad en Estados Unidos, Jo está en un limbo, saltando de un empleo a otro sin querer asumir las responsabilidades de la adultez que ya la están persiguiendo. Seamos honestos, ¿quién no se ha sentido así alguna vez? Este conflicto es el telón de fondo perfecto para una aventura donde su lazo será puesto a prueba de una forma que ni se imaginan.
Un festival visual que no da respiro
Si algo podemos asegurar, es que La isla olvidada es un festín para los ojos. Los directores no dejan un centímetro de pantalla sin llenar de ideas, colores vibrantes y personajes que se quedan con uno. Con estilos de animación variados que evocan el anime más bacano, los tonos cálidos de películas como Coco —con la que comparte esa intención de explorar la identidad de todo un pueblo— y el vértigo de Las guerreras del K-Pop, esta película es un cóctel visual explosivo.
En Nakali el mundo es una locura divertida. Está Raww, un híbrido humano-perro que se autoproclama guía de las protagonistas; Batiba, un demonio que colecciona los recuerdos de sus visitantes despistados (¡cuidado con él!); y Bungi, un bebé gigante de tres ojos con unas emociones siempre a flor de piel, especialmente si alguien se atreve a hablar mal de su mamá. Además hay un pájaro multicolor que sirve de transporte, una tribu de árboles antropomorfizados, duendes con conocimiento de mitología griega y hasta un tritón listo para una selfie. ¡Es una berraquera! Y entre tanto caos visual, las referencias a las costumbres filipinas —con fijación especial en el poder casi sobrenatural del karaoke— y a la cultura pop global le dan un toque extra de diversión.
La amistad por encima de todo (y de todo el ruido)
Variadas en esta isla llena de maravillas y peligros, Jo y Raissa deben encontrar la manera de volver a casa sin sacrificar sus recuerdos ni, lo más importante, su amistad. Crawford y Mercado logran, entre tanto color y aventura, resaltar la importancia de ese vínculo. Aunque a veces la acumulación de chistes visuales y diálogos ingeniosos pueda distraer —y sí, distraen; la película lo admite sola—, la verdadera joya del film son ellas: dos jóvenes inteligentes, intrépidas, sensibles y compinches, capaces de crear sus propias islas imposibles de olvidar.
La isla olvidada es de esas películas que nos recuerdan que, por mucha fantasía y aventura que haya, lo que de verdad importa es con quién la compartes. Si esta historia les hace pensar en sus parceros de toda la vida y en esos planes locos que alguna vez tramaron juntos, la película habrá cumplido. ¿Están listos para un viaje que, seguramente, no olvidarán?
