Violeta Bergonzi: el pódcast de Juan Pablo Raba me sacó de una «depresión dormida»

Todo empezó con un trino. Manuel Medrano, cantante colombiano con dos Grammy Latino en el bolsillo, escribió en X que le gustaría ir al pódcast 'Los Hombres Sí Lloran' —el programa del actor Juan Pablo Raba, conocido entre otras cosas por su paso en Narcos— para pedirles a los invitados que "dejen de llorar tanto". El mensaje prendió la mecha, como suele pasar en esa red: una parte de los usuarios lo acusó de burlarse de la vulnerabilidad masculina, y otra parte aplaudió que alguien dijera en voz alta lo que pensaba sobre ciertos pódcasts que, según esa orilla del debate, convierten el sufrimiento en contenido.
Medrano salió a aclarar que el suyo había sido "un trino de humor que llegó más lejos de lo que debía" y que no tenía ningún pleito personal con Raba. Eso sí, mantuvo una distinción que le importaba: "una cosa es lucrarse de la salud mental, como muchos pódcasts lo hacen, y una muy distinta preocuparse realmente por ella". Raba, por su parte, respondió a las parodias que recibe por llorar en su programa con una pregunta: "¿Por qué te afecta? ¿Por qué te molesta tanto ver a un hombre llorar? Esa finalmente es la pregunta".
Hasta ahí, una discusión de internet más o menos predecible. Pero en medio de todo ese ruido apareció Violeta Bergonzi —presentadora, modelo y ganadora de MasterChef Celebrity 2025— con un testimonio que le cambió el tono a la conversación por completo.
Bergonzi contó en La Mega que un episodio específico del pódcast de Raba la llevó a identificar algo que cargaba sin saber que lo cargaba: un cuadro de depresión. El episodio en cuestión fue la conversación entre Raba y Álvaro Rodríguez, esposo de la presentadora Laura Tobón. En esa entrega, Rodríguez relató cómo descubrió que lo que sentía era depresión, luego de que una psicóloga le dijera que lo que le pasaba estaba más allá de lo que ella podía tratar y que necesitaba un psiquiatra.
Bergonzi escuchó eso y algo hizo clic. "El pódcast de Juan Pablo Raba a mí sí me cambió la vida, a mí como mujer me cambió la vida", dijo. Y describió con una honestidad bastante descarnada el cortocircuito que vivió: "Este man ya me ahorró el pasito de la psicóloga". Es decir, escuchó el relato de Rodríguez, se vio reflejada, y decidió ir directo al especialista. "Por esa entrevista yo busqué ayuda", afirmó.
El resultado de esa consulta fue un tratamiento con medicación. "Para resumirte el cuento, terminé medicada. Siete meses duré medicada", contó. No lo dijo como queja sino como parte de un proceso que describió como recuperarse a sí misma: "Para mí fue increíble y volver a ser yo. Yo no me había dado cuenta que me había perdido y me transformé".
Lo que más llama la atención de su relato es la manera en que describe lo que vivía antes de ese momento. No era tristeza obvia ni llanto ni nada que uno asocie de forma automática con la depresión. Era otra cosa, más silenciosa. "Me acostumbré a vivir con ese dolor (...) hay como una depresión dormida que uno ni siquiera es consciente que está triste o que hay dolor", explicó. Y agregó algo que vale la pena repetir: "Cuando uno empieza a cambiar la forma de ver la vida y a entender que la depresión no se manifiesta solamente llorando, con tristeza o con pensamientos raritos, sino de otras maneras, entonces todo cambia".
Bergonzi también reconoció que compartir públicamente su experiencia le trajo críticas en su momento, pero no se arrepiente. "No puedo creer que yo haya estado sufriendo tanto y no haya sido consciente de eso", dijo. Y en esa frase está, quizás, el argumento más contundente en toda esta discusión sobre para qué sirven o no sirven los pódcasts de vulnerabilidad masculina: a veces la historia de otro —aunque sea de un hombre hablando con otro hombre sobre lo que siente— le llega exactamente a quien más la necesita.
