Amparo Grisales se reencontró con su primer marido en TV para celebrar sus 70 años

Amparo Grisales es como el buen vino: hablar de sus setenta años suena a ciencia ficción, porque nuestra diva colombiana por excelencia sigue rompiendo esquemas y dejando a más de uno con la boca abierta. La jurado de 'Yo me llamo' ha construido una carrera imparable y una imagen que desafía el tiempo y, aparentemente, toda lógica conocida. Actriz consagrada, figura de la televisión latinoamericana y símbolo de que la elegancia no tiene fecha de vencimiento, Grisales llegó a los setenta sin que nadie se lo terminara de creer del todo, incluyendo, sospechamos, ella misma.
Un reencuentro de novela: el primer marido en vivo
El 22 de septiembre, tres días después de su cumpleaños, en plena celebración de sus setenta años en 'Día a Día', Grisales recibió una sorpresa que ni ella misma se esperaba: la visita de su primer esposo, el pintor argentino Germán Tessarolo. La reacción fue digna de enmarcar. Sin ocultar el asombro, exclamó ante las cámaras: "¡Mi primer marido! Qué guapura de hombre y qué increíble artista". Un momento de esos que hacen pensar que la vida real supera cualquier guion de telenovela, y mire que en Colombia los guiones de telenovela no se quedan cortos.
Tessarolo no llegó con las manos vacías. Trajo una pintura creada especialmente para ella, acompañada de una dedicatoria que decía: "Amparo, celebrar tu vida es celebrar la huella de tu luz". El pintor también le dedicó palabras llenas de cariño, describiéndola como "gran mujer, gran amiga, gran amor". Un testimonio de que, cuando los caminos se separan bien, el respeto y el afecto pueden durar décadas. Dato para tener en cuenta la próxima vez que alguien diga que los ex son irrecuperables.
Un amor de adolescencia (y un matrimonio a los 14)
El encuentro sirvió para que Amparo desempolvara recuerdos de una etapa crucial de su vida. Contó que conoció a Germán en Bogotá, en el apartamento del artista, durante una visita que hizo junto con una amiga y otra persona. Desde ese primer momento, el pintor le llamó poderosamente la atención, y así se lo confesó a su amiga en cuanto salieron de allí.
La relación arrancó cuando ella apenas daba sus primeros pasos en televisión. Para poder encontrarse con Tessarolo, a veces le decía a su mamá que debía quedarse trabajando en grabaciones. Una excusa bastante creativa para la época, y una que solo funciona si uno ya tiene la credibilidad suficiente para que te la crean.
La pareja terminó casándose por lo civil en San Antonio del Táchira, Venezuela, cuando Amparo tenía catorce años. La decisión no fue recibida con aplausos en casa: "Fue la única tristeza, puedo reconocerlo, y el único llanto que le di a mi mamá en su vida", recordó la actriz. El matrimonio duró cerca de dos años, que es bastante para una relación que empezó tan, pero tan joven.
Caminos separados, arte que une
Con el crecimiento de sus respectivas carreras, los dos tomaron rumbos distintos. Amparo explicó que cada uno fue encontrando sus propios intereses a medida que avanzaban, mientras que Tessarolo lo resumió con una madurez poco frecuente: "Era otro tipo de relación, cada uno en su camino y uno no puede frustrar el camino del otro". Una frase que, francamente, merece estar enmarcada en más de un apartamento del país.
Pero la admiración mutua sobrevivió a todo. Amparo confesó que le encanta el trabajo artístico de Germán y que todavía conserva varias de sus pinturas en casa. Para quienes no lo conocen: Tessarolo nació en Venecia, Italia, en 1945, llegó a Buenos Aires cuando tenía pocos meses de vida y proviene de una familia vinculada a múltiples expresiones artísticas, entre ellas la música, el dibujo, la escultura y la pintura. Su trayectoria está ligada principalmente a la pintura, aunque también ha trabajado en publicidad y participado en exposiciones. La conexión de Amparo con él no es ninguna casualidad.
Este reencuentro dejó claro que la vida de Amparo Grisales es una caja de sorpresas permanente. Sea cual sea la cifra exacta de sus años —y ella sabe bien que ese número genera conversación—, su capacidad para cautivarnos sigue completamente intacta. Setenta años, una carrera que no para y un ex que aparece con una pintura y palabras bonitas. Eso sí es saber vivir.
