Street Fighter vuelve al cine: ¿se acabaron los fatalities?

Street Fighter, la legendaria saga de videojuegos de lucha de Capcom, marcó un antes y un después en los arcades desde 1987. Sus personajes icónicos, sus golpes especiales y esa adrenalina pura de los fichines lo convirtieron en un fenómeno mundial. Pero, seamos honestos, su historial en el cine ha sido un fatality tras otro. Adaptaciones que no le hicieron justicia, que intentaron reinventar la rueda y terminaron chocando feo. Ahora la esperanza renace de la mano de Kitao Sakurai, director conocido por su trabajo en The Eric Andre Show y Bad Trip. Un tipo que viene del palo de la comedia y lo bizarro, ¿será el toque de magia que necesitaba Street Fighter para romper de una vez la maldición de los videojuegos en la pantalla grande?
La vuelta a las raíces pixeladas
Después de décadas de ver cómo intentaban transformar Street Fighter en un drama de acción genérico, Sakurai parece haberse sentado frente a un arcade y dicho: hagámoslo como tiene que ser. El tráiler ya lo confirma: los movimientos clásicos de Ryu, Ken, Chun-Li, Honda y Dhalsim están calcados de los arcades de los noventa, con esa estética que te transporta directo al salón de fichines de la infancia. La propuesta apuesta a trasladar al cine los elementos que los fans de los videojuegos reconocen de memoria, en lugar de intentar inventar algo que nadie pidió. Es la diferencia entre un director que jugó y uno que googleó.
El elenco: una ensalada mixta que tiene sentido
El reparto combina caritas de Hollywood con figuras del mundo de la lucha libre profesional, y la mezcla, aunque sorpresiva, tiene una lógica aplastante para una película de pelea. Noah Centineo se calza el gi de Ken, y Callina Liang se pone en los zapatos de Chun-Li, una de las guerreras más icónicas de la saga. Hasta ahí, casting más o menos esperado.
Lo que sí levantó más de una ceja es la elección de Jason Momoa para interpretar a Blanka. Sí, Jason Momoa, con todo su porte y presencia, encarnando al salvaje de la jungla. Y David Dastmalchian se mete en la piel de Mr. Bison, lo cual pinta para ser un villano que va a funcionar.
Pero la jugada más inesperada viene del ring: Roman Reigns le dará vida al temible Akuma, y Cody Rhodes será Guile. Dos figuras del wrestling profesional metidas en el universo de Street Fighter. ¿Quién mejor para simular golpes imposibles, llaves y acrobacias que gente que se dedica a eso frente a miles de personas? Es un combo que no esperábamos, pero que tiene un sentido brutal para el tono de esta historia.
La maldición del cine y los videojuegos: ¿se rompe?
No se puede hablar de Street Fighter en el cine sin pasar por los traumas del pasado. La adaptación más recordada sigue siendo Street Fighter: La última batalla, estrenada en 1994 y protagonizada por Jean-Claude Van Damme, Raúl Julia y Kylie Minogue. Un delirio que, con el tiempo, se convirtió en objeto de culto por lo kitsch. Esa película, y lo que vino después, instaló la idea de que la franquicia estaba condenada a vivir solo en consolas y en la memoria de los fichines.
Esta nueva entrega tiene, entonces, la tarea doble de entretener y redimir a toda una saga de películas que les debe una a los fans. Sakurai, con su mirada particular y su guiño claro a la nostalgia, parece apostar por no intentar ser algo que no es: abrazar la esencia del videojuego en lugar de escapar de ella. Si eso alcanza para romper la maldición, lo vamos a saber el 15 de octubre, cuando la película llegue a los cines.
Las expectativas están por las nubes, la manija es real, y la pregunta del millón sigue en el aire: ¿salimos del cine con ganas de tirar un Hadoken, o con un fatality en el corazón y la billetera vacía? Cruzamos los dedos.
