Pata Villanueva y David Lebón: el romance explosivo que paralizó los 90

El verano de 1994 dejó una marca imborrable en el espectáculo argentino con el inicio de un vínculo que se volvió una de las historias más comentadas de esa década. Todo empezó la Noche de Reyes en el pub El Correo de Punta del Este, donde Pata Villanueva y David Lebón se cruzaron por primera vez. El impacto fue inmediato y disparó una relación apasionada entre dos mundos opuestos: ella, una modelo, vedette, actriz y empresaria; él, uno de los músicos más emblemáticos del rock nacional.
Pata Villanueva, reconocida en su momento como una de las mujeres más bellas del país, recordó tiempo después la intensidad de ese vínculo asegurando que Lebón fue el hombre que más la amó. Pero, como suele pasar cuando hay mucha química y mucha fama, el camino no fue nada lineal.
El desafío de armar una familia gigante
Llevar adelante el romance en los 90, con una exposición constante y una velocidad vertiginosa, no fue sencillo, especialmente al intentar ensamblar una familia numerosa. Pata era madre de tres hijos: Agostina, con el empresario Héctor Cavallero, y Bernardita y Robertino, con el exfutbolista Alberto César “El Conejo” Tarantini. Por su parte, Lebón sumaba la complejidad de ser padre de seis hijos.
Para intentar hacer realidad la convivencia soñada, la pareja alquiló un piso de 350 metros cuadrados frente al Hotel Alvear. El departamento era enorme para los estándares de la época: tenía cuatro dormitorios, dos baños, cocina, antecocina, un escritorio y dos cuartos de servicio. Fue precisamente en ese lugar donde, hace más de tres décadas, se sinceraron sobre su relación cuando ella tenía 43 años y él 41.
Entre rupturas, celos y reconciliaciones
La pareja admitió que su historial estuvo lleno de altibajos, acumulando tres o cuatro separaciones seguidas de reconciliaciones casi inmediatas. Ambos lo contaban con sonrisas, atribuyendo esa inestabilidad a la intensidad con la que vivían el amor. Lebón analizó que, irónicamente, cuando llegaban al mejor momento como pareja, en lugar de refugiarse en esa paz, se preocupaban por la prensa y sus propios hijos, lo que terminaba generando conflictos y rupturas.
A pesar de los cortes, la convicción de que se querían seguía intacta. Lebón recordó que, mientras él trabajaba en Miami, Pata decidió visitarlo porque sintió que no lo iba a ver más y eso la afectó. Para el músico, ese gesto fue la prueba definitiva de que el lazo seguía vigente, sumado a que mantenían el fuego encendido a través de llamadas telefónicas durante las ausencias físicas.
El choque de egos y el lado "malcriado"
Pata Villanueva fue más pragmática al analizar las crisis. Explicó que muchos de los roces nacían de la falta de tolerancia hacia el espacio profesional del otro.
Sin embargo, el orgullo siempre terminaba cediendo. Lebón describió que el proceso de volver era natural; recordó que empezó a especular con los celos de Pata cuando estaba en Miami y eso facilitó el reencuentro. Para él, bastaron un abrazo interminable y un par de miradas cómplices para arreglar todo.
Otro punto clave para Villanueva fue la excelente relación que Lebón mantenía con sus hijos, algo que ella priorizaba por sobre todo. Aunque no todo era perfecto —Pata llegó a calificar al músico como un "chico malcriado" y caprichoso que generaba tensiones en la casa—, la integración familiar funcionaba. Lebón contó que, tras uno de sus shows donde asistieron los hijos de ambos, todo fluyó de manera positiva, y que ella siempre sería su "novia" y su "reina".
