De El libro gordo de Petete al imperio de la moda: la vida de Gachi Ferrari

Gachi Ferrari pasó de la pantalla a fundar, junto a Lando Simonetti, una marca de moda internacional. Después de años de estar en todas las pantallas, la exconductora recordó cómo fue ese proceso de transformación profesional y personal que la llevó de los sets de filmación y las tapas de revistas a manejar fábricas textiles de escala mundial.
Gachi Ferrari es una exmodelo, actriz y conductora de televisión argentina que se especializó en contenidos para el público infantil durante las décadas de 1970 y 1980.
El camino hacia la cima mediática
Todo empezó mucho antes de que el pingüino de gorro con pompón fuera un ícono nacional. Con la inquietud típica de la adolescencia, Gachi comenzó a trabajar como promotora en una agencia. El destino quiso que un fotógrafo tuviera el ojo clínico justo en una de sus jornadas laborales, lo que disparó su ascenso en los medios.
Primero llegaron las publicidades y luego el llamado de la revista Para Ti, donde se convirtió en La Chica Para Ti. En esa etapa, el ritmo era una locura: hacía la nota de tapa, se encargaba de las secciones de belleza y moda, y al día siguiente ya estaba haciendo la retirada de tapa. Según contó, era impresionante la cantidad de trabajo que manejaba en ese momento.
Este éxito en las producciones fotográficas le abrió las puertas a las creaciones de Manuel García Ferré. Así llegó a El libro gordo de Petete, un microprograma que funcionaba como una enciclopedia diaria donde el libro enseñaba y entretenía, mientras ella se encargaba de despedir a la audiencia infantil con la promesa de volver al día siguiente. El ciclo era tan fuerte que competía en popularidad con hitos como El Topo Gigio.
Una presencia total en el espectáculo
Pero Gachi no solo estaba en la tele antes de dormir. También dominó las mañanas en la radio siendo parte esencial de Arriba chicos, junto a Berugo Carámbula, un programa pensado para acompañar a los chicos que iban camino al colegio. A esto se le sumaron otros proyectos como Jardincito, Supershow Infantil, Telejuegos y participaciones en ciclos de humor y periodismo como La noticia rebelde.
Como era lógico dada su fama, el salto a la actuación fue el paso siguiente. Debutó en telenovelas en 1973 con Pobre diabla y luego participó en Mi cuñado en 1976, donde trabajó con Osvaldo Miranda y Ernesto Bianco. El cine también fue parte de su agenda: protagonizó Una mujer en 1975 junto a Federico Luppi y Cipe Lincovsky, y tuvo roles en Los superagentes biónicos en 1977 y Cantaniño cuenta un cuento en 1979. Era, básicamente, una cara omnipresente en el entretenimiento argentino.
El giro hacia el lujo y el polo
El cambio radical llegó con un encuentro fortuito con Lando Simonetti, un empresario textil italiano que visitaba Argentina para lanzar una marca de ropa infantil. De ese vínculo nació en 1986 La Martina, un proyecto que terminó convirtiéndose en un referente internacional y proveedor oficial tanto de la Asociación Argentina de Polo como de la Federación Internacional de Polo.
El crecimiento de la firma fue tan exponencial y la expansión a mercados internacionales tan exigente que Gachi tuvo que tomar una decisión difícil. En ese momento, sostenía grabaciones simultáneas en tres programas de televisión y el desgaste era total. Pidió un año sabático para enfocarse en la empresa, pero ese descanso terminó siendo una trayectoria de 40 años dedicada exclusivamente al negocio textil.
El vacío del anonimato y la nueva identidad
Dejar la fama no fue gratis en lo emocional. Gachi confesó que al principio extrañó muchísimo el reconocimiento permanente en la calle, especialmente porque estaba en tantos lugares que la gente, y sobre todo los chicos, la reconocían enseguida.
Sentía un vacío extraño al notar que, después de haber trabajado 20 años en televisión, de golpe nadie la reconocía. Fue un proceso de adaptación lento para acostumbrarse a su nueva identidad como empresaria lejos de las cámaras, aunque admite que con el tiempo se terminó acostumbrando.
Hoy ve a La Martina como su vida misma, no solo por la unión con Simonetti, sino por el desarrollo profesional y el sustento de su familia, donde ya se incorporaron sus hijos y esperan a las futuras generaciones de nietos. Aunque vive alejada de la fama, todavía tiene encuentros fortuitos, como cuando una cajera de supermercado le dijo que había sido la ídola de su juventud.
Mirando hacia atrás, Gachi admite que su visión sobre el trabajo en la televisión cambió. Confesó que en su momento no le daba tanto interés y que quizás lo hacía por plata, pero que con el tiempo empezó a admirar y respetar mucho más el ciclo de Petete, definiendo la producción como espectacular y muy bien hecha. ¿Quién no quiso tener ese libro gordo en su casa?
