Canal 7 celebró 75 años con un despliegue nostálgico y el regreso de su nombre histórico

El sábado 17 de octubre la televisión argentina festejó sus 75 años con una jornada cargada de emoción y recuerdos. El evento no solo sirvió para mirar hacia atrás, sino que marcó un cambio de identidad fundamental: la señal, que funcionaba como TV Pública desde 2009, recuperó oficialmente su nombre histórico como Canal 7.
Para celebrar el aniversario, el canal abrió sus puertas a los vecinos que caminaban por la avenida Figueroa Alcorta, permitiéndoles entrar y vivir la fiesta cerca de los artistas. El corazón de la celebración fue la transformación del pasillo principal, que fue rebautizado como “Avenida Jaime Yankelevich” en honor al fundador de la televisión en el país. Este espacio se convirtió en un museo donde se recrearon escenografías con muebles originales de programas que marcaron época.
En este recorrido convivieron elementos icónicos como el escritorio donde arrancó Hola, Susana, el mostrador de la empleada pública de Antonio Gasalla en El palacio de la risa y el living de Almorzando con Mirtha Legrand. También pudieron verse el consultorio de Diego Peretti en En Terapia y el famoso chupetómetro de Carlitos Balá, que estaba lleno de chupetes antiguos, junto a las figuras del Capitán Piluso y Coquito. Todo esto estaba rodeado por las cámaras más antiguas que existen en el país.
Joyas del vestuario y el programa especial
El área de vestuario también mostró piezas históricas, destacando los vestidos de Susú Pecoraro (uno amarillo con encaje) y Marta Bianchi (uno violeta con detalles negros) usados en Hombres en pugna en 1980. Además, se exhibió un vestido de princesa que Soledad Silveyra lució en 1982 para La Cenicienta. Para completar la memoria visual, se armó un espacio con los diferentes logos y nombres que tuvo la señal a lo largo de sus siete décadas y media.
La parte central de la noche fue la transmisión en vivo del programa “75 Años, toda la vida”, que duró tres horas y comenzó a las 19. La apertura fue un video que conectó los inicios del canal con el presente a través de sus espacios más emblemáticos. Durante la emisión desfilaron artistas de todas las épocas y familiares de grandes figuras como Alberto Olmedo, Juan Carlos Calabró y Carlitos Balá, quienes recibieron homenajes especiales.
Laura Balá compartió una anécdota muy tierna sobre su padre, contando que él llegaba al canal en bicicleta y pedaleaba hasta entrar al estudio y llegar a su camarín. Recordó que la última vez que pisó el canal fue en 1989 junto a él. También destacó el cuidado que su padre tenía hacia su público: mientras armaban los decorados, entre grabaciones, una maestra jardinera entretenía a los chicos mientras armaban los decorados entre grabación y grabación.
Estrellas en la vereda y confesiones
Cuando la noche avanzó, la fiesta se mudó a la vereda de Figueroa Alcorta para inaugurar un Paseo de las Estrellas inspirado en el Walk of Fame de Hollywood. A pesar del frío intenso, las hermanas Ileana y Marina Calabró descubrieron la estrella dedicada a su padre. Iliana lo hizo con mucha emoción, mientras que su madre, Coca, no pudo asistir debido a las bajas temperaturas.
Ginette Reynal, quien trabajó con Antonio Gasalla en El Mundo de Antonio Gasalla, acompañó a Carlos Gasalla a descubrir la estrella de su hermano. Durante el encuentro, la gente no paraba de comentar que Carlos es idéntico a Antonio. Reynal recordó que durante las grabaciones del programa solían tener que cortar porque la tentación de reírse era generalizada entre todos.
Carmen Barbieri definió al canal como su casa y recordó las jornadas interminables de Mesa de noticias, donde empezaban a grabar por la mañana y terminaban de madrugada, al punto de que almorzaban y cenaban ahí mismo. Por su lado, Enrique Macaya Márquez describió a Canal 7 como un eslabón de oro en la cadena de sus éxitos posteriores.
El lado periodístico y el sueño de Topa
Mónica Gutiérrez, periodista argentina, recordó que el canal fue su primer hogar en Buenos Aires. Relató una experiencia fuerte de 1987, cuando quedó encerrada cuatro días dentro del canal cubriendo el alzamiento carapintada. En ese entonces, dormía en un sillón que formaba parte de la escenografía del Estudio 6 durante las pausas de la transmisión. Según contó, la gente valoraba que el canal siguiera con las luces prendidas porque era una señal de que la democracia continuaba y, además, les llevaban comida.
Finalmente, Topa revivió su vínculo emocional con la señal. El conductor contó que hoy graba su programa en el mismo estudio que visitaba de chico con su madre y sus abuelos como espectador, y que fue precisamente ahí donde debutó artísticamente en Festilindo. Admitió que, mientras iba a ver los programas, no sabía que en realidad se estaba formando profesionalmente.
¿Quién más se acuerda de los chupetes de Balá o de los programas que veíamos con los abuelos?
