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¡Se arma la gorda! La gira de Ed Sheeran, entre el drama político y el éxodo de teloneros

Imagínate la escena: Ed Sheeran, el güey de Reino Unido que llena estadios como si fueran tianguis de barrio, de repente ve cómo su gira se convierte en campo de batalla político y sus teloneros lo abandonan uno por uno. Todo por culpa —o gracias a, según quién lo cuente— de Macklemore, el rapero de «Thrift Shop», que se subió al escenario del MetLife Stadium en Nueva Jersey con una kufiya al cuello y les dijo a miles de personas lo que pensaba sobre Palestina. La neta, la cosa se puso color de hormiga.

Macklemore no llegó a esto de la nada. Desde los ataques del 7 de octubre y la respuesta militar de Israel en Gaza, el rapero ha sido de los más activos en manifestaciones propalestinas. En 2024 lanzó «Hind's Hall», canción cuyo nombre alude al edificio que estudiantes de la Universidad de Columbia ocuparon en protesta y rebautizaron en honor a Hind Rajab, una niña palestina de cinco años asesinada en Gaza. Para él, esto no es un chismecito pasajero.

Al abrir el concierto de Sheeran en Nueva Jersey, Macklemore no se guardó nada: declaró que una de las principales razones por las que quiso hacer esa gira era para poder pararse en estadios como ese y pronunciar dos palabras muy cercanas a su corazón. También aclaró que criticar a Israel o estar en contra del genocidio no equivale, de ninguna manera, a criticar a sus hermanos y hermanas judíos. Mensaje claro, mecha encendida.

La reacción llegó rápido. La cantante Pink criticó sus palabras, circuló una petición para sacarlo de la gira y, el golpe más contundente, Robert Kraft —multimillonario dueño de los Patriots de Nueva Inglaterra y del estadio Gillette, en Massachusetts— anunció que Macklemore no pisaría su recinto. Kraft, conocido defensor de Israel que ya había retirado su financiamiento a la Universidad de Columbia por la gestión de las protestas estudiantiles, emitió un comunicado señalando que los comentarios del rapero y lo que describió como un historial más amplio de retórica antisemita cruzaban una línea que no estaba dispuesto a tolerar.

Macklemore respondió en Instagram echándole la culpa directamente a Kraft, acusándolo de haber movilizado a otros dueños de estadios y de haberle dado a Sheeran un ultimátum: Macklemore en la gira, o los recintos cancelados. Kraft no negó haber actuado en el estadio Gillette, pero tampoco respondió a las acusaciones sobre otros propietarios. Sheeran, por su parte, salió a decir que la decisión no fue suya sino del promotor, que fue quien recibió las presiones de los venues. El promotor, ni pío.

Lo que nadie esperaba fue el efecto dominó del martes: Finneas, productor y hermano de Billie Eilish; el cantautor irlandés Aaron Rowe; la banda irlandesa Beoga, y la banda danesa Lukas Graham renunciaron todos a sus actuaciones como teloneros, en solidaridad con Macklemore y con el pueblo palestino. Un movimiento de protesta que dejó claro que no todos están dispuestos a seguir en el barco cuando el precio es el silencio.

Más allá del chismecito de famosos, el asunto abre preguntas incómodas. Lee Rowland, directora ejecutiva de la Coalición Nacional contra la Censura, reconoce que los dueños privados de estadios tienen el derecho legal de elegir quién actúa en sus recintos, pero advierte que eso no lo hace saludable para la democracia ni para la libertad de expresión, y que el caso ilustra el inmenso poder que tiene el dinero sobre el discurso público. Varios de los estadios de los que Macklemore fue apartado son, de hecho, de propiedad pública —entre ellos el AT&T Stadium, propiedad de la ciudad de Arlington, Texas—, lo que complica aún más el cuadro legal.

Para hacer el contraste todavía más incómodo: ese mismo AT&T Stadium tiene previsto albergar más adelante este año un concierto con entradas agotadas de Ye, artista que hizo una serie de comentarios antisemitas que ahora atribuye a una lesión cerebral y a un trastorno bipolar no tratado. ¿Dos pesos, dos medidas? El público juzga.

Al final, lo que arrancó como una gira de estadios terminó siendo una discusión sobre qué se puede decir desde un micrófono, quién decide eso y cuánto cuesta la voz de un artista. Rowland advierte que cancelaciones como esta generarán autocensura generalizada entre músicos. ¡Pobrecito Ed, con el relajo que se le armó! Aunque, pensándolo bien, él también tiene algo que decir al respecto.

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.