Te perdiste la mejor película de acción del año en cines, y no es tu culpa

El cine de acción independiente siempre ha tenido un camino de lo más espinoso para llegar a las pantallas grandes. Si no vienes con el respaldo de un estudio gigante y un presupuesto estratosférico, te toca sufrir en silencio mientras las salas le abren las puertas a la siguiente secuela numerada de turno. Y es una pena enorme, porque eso significa que joyas como 'The Furious' llegan a la mayoría del público casi de contrabando, sin el estreno que merecen.
Su paso por los cines fue tan testimonial que, si parpadeabas, te la perdías. Un puñado de salas, poca promoción y a otra cosa. Pero tranquilos: ya está disponible en Movistar Plus, lista para que la descubras y le des el amor que no le dieron las marquesinas. Y si somos honestos —y en esto no hay matiz que valga—, estamos hablando de la mejor película de acción del año, así, sin escalas ni asteriscos.
La trama: sencilla, pero letal (y con muchas patadas)
'The Furious' nos presenta a Wang Wei, un gran experto en artes marciales que solo quiere ganarse la vida y sacar adelante a su hija Rainy. Un día, la existencia le da un giro brutal: la niña es secuestrada por una misteriosa red de tráfico de menores, y ahí arranca una odisea violenta para recuperarla. En el camino se cruza con Navin, un periodista que también tiene sus propias razones para enfrentarse a esa red criminal. Dos hombres, un objetivo, y una cantidad industrial de problemas por resolver a golpes.
La historia no pretende ser el hilo negro de la complejidad narrativa, y ni falta que le hace. La película sabe perfectamente dónde están sus cartas más fuertes. El director Kenji Tanigaki —el hombre detrás de esta celebración del cine de acción más puro— intenta en algún momento añadir capas argumentales, pero sus ambiciones en ese terreno son, siendo generosos, bastante justas. Y está bien. Porque esa decisión de no enredarse demasiado tiene una consecuencia directa y gloriosa: más tiempo para las peleas. Más fases de acción desatada. Más caos orquestado con una precisión quirúrgica que te deja sin aliento.
Un festín de coreografías que te dejarán en shock
Aquí es donde 'The Furious' no solo brilla, sino que impacta de veras. Tanigaki hace un uso increíble y continuo de la cámara para capturar y sostener la tensión y los ritmos de cada enfrentamiento. No hay un rincón de cada escenario que no se aproveche para una nueva acrobacia o un intercambio aún más disparatado. El uso de los entornos es magistral: cada espacio se convierte en una pieza del tablero que los cuerpos recorren de punta a punta sin dejar nada sin explotar.
Lo más chido —y esto es lo que separa a 'The Furious' de la competencia— es cómo la película usa los golpes y el movimiento para avanzar narrativamente. La acción no está ahí solo para lucir o para rellenar minutos: cuenta cosas, revela personajes, construye tensión. En un punto particularmente brillante, hay un cruce continuo de puntos de vista entre varios personajes que pelean al mismo tiempo y, lejos de resultar confuso, el resultado tiene una fluidez medidísima y excelente. Hay quien dirá que todo eso es poco para hacer una película. Esa persona está subestimando el poder de contar una historia con cuerpos magullados y coreografías que te hacen decir no manches cada dos minutos. Aquí el cuerpo habla, y vaya si lo hace con elocuencia.
La lección no aprendida del cine independiente
Es una lástima —y una injusticia que se repite demasiado seguido— que películas con este nivel de creatividad y ejecución tengan que luchar tanto para encontrar su público en las salas. El cine de acción independiente, el que se hace sin la red de seguridad de un estudio masivo, lleva años demostrando que puede ofrecer experiencias que cualquier blockbuster con todo el presupuesto del mundo envidiaría. Y sin embargo, la distribución sigue siendo el muro que nadie se decide a derribar.
'The Furious' es el ejemplo más reciente y más doloroso de ese problema. Una película que merece pantallas enormes y butacas llenas tuvo que conformarse con un estreno casi invisible. Pero al menos ahora, gracias al streaming, tenemos la oportunidad de reivindicarla y de darle la audiencia que su distribución le negó.
Así que ya saben lo que toca: si lo suyo es el cine de acción con coreografías que te arrancan aplausos involuntarios, corran a Movistar Plus. La mejor forma de apoyar estas joyas es viéndolas. ¿O acaso querían seguir esperando a que alguien les tradujera el problema en una secuela de franquicia con mucho CGI y pocas ideas?
