¿Quién dijo que el rock no tiene alma? Jota Quest le puso ritmo soul a la noche

El rock, dicen, es solo guitarras distorsionadas y gritos. ¡Pues que alguien le diga eso a Jota Quest! La banda brasileña, con más de treinta años en el ruedo, le dio una cátedra de que la música no tiene etiquetas, y de que el soul y el funk pueden armar el reventón más épico en cualquier lugar. Un escenario enorme, luces a todo lo que da y un grupo que llega a poner a bailar a miles con un repertorio que es pura reverencia y mucho sabor. Así fue su más reciente aparición, donde celebraron un álbum tributo que es una joya.
Para los que no los tienen en el radar todavía, Jota Quest es una banda que nació en Belo Horizonte en 1993. Con Rogério Flausino en la voz, Marco Túlio Lara en la guitarra, Márcio Buzelin en los teclados, PJ en el bajo y Paulinho Fonseca en la batería, este quinteto se ganó un lugar en el pop-rock de Brasil, siempre coqueteando con el soul y el funk. Su nombre original era J. Quest, inspirado en el dibujo animado Jonny Quest, pero Hanna-Barbera no se tomó muy bien el homenaje y, para evitar broncas legales, cambiaron la pronunciación a la muy brasileña Jota Quest. ¿Y adivina quién les echó una mano con el rebautizo? El mismísimo Tim Maia. Detalle que le da todavía más sentido a lo que vino después.
Tim Maia no era cualquier persona. Sebastião Rodrigues Maia fue uno de los pioneros en meterle el soul y el funk a la música popular brasileña, un ícono que desde joven en Río de Janeiro se codeó con figuras como Jorge Ben Jor y Erasmo Carlos. En 1957 fundó el grupo The Sputniks y cantó junto a Roberto Carlos. En 1959 emigró a Estados Unidos, donde absorbió las raíces del soul, y en 1970 grabó su primer álbum homónimo, que rápidamente se convirtió en un exitazo. Su legado es gigante, y esa noche en el escenario fue la prueba más bailable de ello.
El show fue el pretexto perfecto para presentar el disco Jota Quest & Tim Maia – Dance Enquanto é Tempo, lanzado en agosto, y no se guardaron nada. Era la quinta vez de la banda en el festival, pero la primera en ese escenario, y llegaron con un repertorio completamente distinto a todo lo que habían hecho antes. El escenario se llenó de talento invitado: Tony Tornado, leyenda de la black music brasileña y pionero del estilo afro en su país con más de cinco décadas de carrera entre la música y la actuación, se subió a cantar Sossego junto a su hijo Lincoln con una energía que ya quisieran muchos chavos. ¡A sus 96 años rompiendo el escenario, convirtiéndose en el artista de mayor edad en presentarse en el festival! Fue un momentazo que se va a recordar por mucho tiempo. Y como si fuera poco, Negra Li llegó para meterle sabrosura a Descobridor dos Sete Mares, y la gente enloqueció. La producción no se quedó atrás: un quinteto de coristas y un trío de instrumentos de viento le dieron ese toque cálido y envolvente que el repertorio soul necesitaba. Y lo más impactante: la voz del mismísimo Tim Maia apareció de forma póstuma en Gostava Tanto de Você, haciendo que a más de uno se le pusiera la piel chinita. Ya lo habían hecho antes con Acenda o Farol, grabada por Tim en 1978, y la fórmula sigue siendo mágica.
Rogério Flausino fue supertransparente al reconocer que habían elegido el camino difícil: eran una banda tocando un repertorio asociado a artistas negros. Una declaración honesta que muestra que el respeto es lo primero. Pero al ver la chamba que hicieron, queda claro que fue más allá del origen; fue puro corazón. Las versiones de temas como Réu Confesso no buscaron reinventar la rueda, sino honrar el original con grooves impecables y pasión desbordante. También hubo espacio para los orígenes: Encontrar Alguém y As dores do mundo, cover de Hyldon y primer sencillo de la banda, recordaron de dónde vienen antes de mostrar hasta dónde han llegado.
Al final, Jota Quest demostró que el legado de Tim Maia no solo sigue vivo, sino que se puede bailar a todo volumen y unir a generaciones enteras. Fue una fiesta de esas que te recargan el alma. ¿Será que ahora sí se animan a traer este reventón a México? ¡Ya nos urge!
