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Diego Schoening le ganó a Televisa, pero tiró la victoria por 100 familias

Diego Schoening acaba de soltar una de esas historias que te hace preguntarte cuántos secretos más guarda el mundo del espectáculo mexicano. En entrevista con el pódcast de Nayo Escobar, el integrante de Timbiriche reveló que demandó a Televisa durante la organización del segundo reencuentro del grupo. Y la sorpresa mayor: ganó el proceso. Pero aquí viene lo que nadie se esperaba: se desistió de su propia victoria.

¿La razón? No fue miedo ni claudicación. Fue, en sus propias palabras, que estaba en juego el segundo reencuentro del grupo y ya tenían mucho tiempo ensayado. Había más de cien familias trabajando en la producción y él no estaba dispuesto a "cargar con la responsabilidad de dejarle de dar de comer" a toda esa gente. El conflicto legal ocurrió justo cuando la maquinaria de la gira ya estaba en movimiento.

Schoening no detalla el motivo jurídico de la demanda ni qué resoluciones emitió el proceso. Lo que sí deja claro es que el desistimiento tuvo consecuencias inmediatas: "Fue la manera en que soltaron los contratos", comenta en el pódcast, sin precisar cuáles eran esos documentos ni las condiciones exactas que cambiaron después de la negociación. Lo que resume con una frase que suena a telenovela de los ochenta: "Gané, pero rey sin corona. Me tuve que desistir".

La factura de perdonar

Ese gesto de Diego no le salió gratis. Él mismo reconoce que a partir de entonces su relación con Televisa quedó "muy dañada". Desde entonces le resulta complicado conseguir trabajo en México. Cuando le preguntaron si consideraba que existe un veto en su contra, Schoening evitó afirmarlo de forma directa, pero fue claro: "No sé si existe o no, porque ellos te lo van a negar toda la vida, pero simplemente es difícil encontrar".

Ante este panorama, Diego tomó una decisión: se fue a Estados Unidos a "tocar puertas". Y, según cuenta, la estrategia funcionó. Ha trabajado como cantante, conductor y actor. Participa en shows con sus hijos, interpreta temas de Timbiriche y canta canciones de grupos como Hombres G, Caifanes, Soda Stereo y Miguel Mateos. También menciona participación en programas de Estrella TV y Telemundo. "Nunca en mi vida he trabajado tanto como trabajo aquí", comenta.

Pero la reinvención tiene un costo emocional. "No tengo miedo a tocar puertas, no tengo miedo de trabajar, no me da miedo nada, pero cansa reinventarse todos los días", admite. Es la confesión de alguien que tuvo que empezar de cero después de una carrera exitosa en su propio país.

Las deudas de Timbiriche

Durante la entrevista, Schoening también habló de las condiciones laborales que, según él, enfrentaron los integrantes de Timbiriche en su época de mayor esplendor. Asegura que nunca recibieron regalías por los discos del grupo: "Nunca nos han pagado regalías de intérprete".

También denunció que los pagos por presentación eran bajos en comparación con lo que cobraba la productora. "A nosotros nos daban, creo que eran diez mil pesos por show y vendían los shows en un millón de pesos", afirma, calificando el trato como un "abuso completo". Lo más grave: muchos acuerdos se hicieron de palabra. "Nunca hubo contratos, nunca hubo nada, todo fue palabra".

Según su análisis, parte de esa dinámica se debía a que varios padres de los integrantes mantenían una relación laboral con Televisa. "Si querías seguir teniendo trabajo, entonces calladito es más bonito", menciona, señalando la presión implícita en esa estructura.

El nombre que no les pertenece

Hay otro detalle que Schoening reveló: el nombre de Timbiriche le pertenece a Televisa, no a los integrantes. Cuenta que alguna vez intentó registrar la marca a nombre de todos porque la marca llevaba abandonada unos años. Pero en cuanto la empresa fue notificada del intento, renovó los derechos sobre el nombre. "En ese segundo lo volvieron a refrendar. El nombre es de Televisa".

Esto tiene implicaciones claras: los integrantes pueden interpretar los temas que grabaron porque son los intérpretes originales. "Tú puedes cantarlas las veces que quieras, como quieras y donde quieras", dice sobre sus propias canciones. Pero las regalías derivadas de esos discos siguen siendo una ausencia. "Seguimos sin recibir regalías de ninguno de esos discos".

Lo que Schoening cuenta es la historia de una generación que definió el entretenimiento pop mexicano pero que operaba en un sistema donde los contratos eran promesas verbales, donde los números no cuadraban, y donde el poder de una televisora permitía hacer valer esas desigualdades. Y la historia de un hombre que tuvo que elegir entre reclamar justicia y proteger los empleos de más de cien personas. Eligió a las cien familias. Eso dice bastante de dónde estaban sus prioridades.

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.