Margot, la cocinera que pasó de los fogones al vallenato de Jorge Oñate

Hay nombres que quedan grabados en la memoria de un pueblo y otros que, además, terminan en una canción. En La Paz, Cesar, Luz Margarita Sierra Carrillo es conocida por todos simplemente como Margot, la cocinera tradicional nombrada en el tema ‘Las mujeres buenas’. La frase "Que venga Margot para la cocina, para que me ayude a la patrona" no es solo una letra pegajosa, sino un homenaje real a su sazón y su presencia en el día a día del cantante.
Jorge Oñate, quien fue un referente del vallenato desde que inició su carrera en 1968 y destacó también en la política como concejal de su ciudad natal, mantuvo un vínculo con Margot mucho antes de que la canción saliera a la luz. La relación nació entre ollas y platos favoritos que ella preparaba para el artista, quien siempre se encargaba de alabar su cocina dondequiera que estuviera. De hecho, el reconocimiento fue tan genuino que el mismo Oñate le pidió al compositor Angel Rodriguez que agregara ese verso específico para inmortalizar a la cocinera en el cancionero vallenato.
Un legado que se hereda en la cocina
La historia de Margot es la historia de una escuela doméstica. Creció en una familia numerosa, rodeada de 14 hermanos, donde no hubo libros de cocina ni diplomas, sino la guía de su madre. El aprendizaje fue puro instinto y observación: picar, probar y mirar cómo se hacían las cosas. Esa herencia no se quedó solo con ella, pues hoy en día varias de sus hermanas y una sobrina también se ganan la vida como cocineras, manteniendo viva la tradición de la cocina criolla que pasó de generación en generación entre mujeres.
Para quien visita su casa, la experiencia comienza con el olor a aliños tostados y guisos que se siente apenas se cruza el portón rojo. Su espacio de trabajo es una extensión de la vida misma: la cocina empieza en la sala y se extiende hacia un fogón más grande, el cual utiliza especialmente para atender pedidos masivos y fiestas. Allí es donde ocurre la magia de platos emblemáticos como la gallina guisada, el mondongo, el sancocho, la sopa de arroz, la costilla de cerdo, la carne picada, el patacón y las arepas de queso.
Calidad y disciplina entre fogones
Actualmente, Margot ha decidido alejarse del ritmo acelerado de los restaurantes para trabajar desde la tranquilidad de su hogar. Sin embargo, esto no significa que haya bajado el ritmo. Los domingos se convierte en una máquina de precisión, preparando hasta 150 pasteles por encargo. Lo que hace que su clientela sea tan fiel es que no deja nada al azar: se toma el tiempo de escoger los mejores ingredientes, tostar y moler sus propios condimentos y envolver cada pastel con una rapidez y exactitud envidiables.
Su cocina también llega a la mesa de artistas vallenatos. Un ejemplo es Silvestre Dangond, quien disfruta de los buñuelos de Margot, preparados con una receta muy estricta de "mitad masa, mitad queso". Ya sea en reuniones familiares o en las fiestas patronales, la cocina de Margot sigue siendo un reflejo de orgullo y memoria, demostrando que el amor y la práctica constante valen más que cualquier receta escrita.
Sinceramente, ¿quién no daría lo que fuera por probar esos buñuelos de mitad masa y mitad queso?
