Se nos fue un grande: el adiós a Náfer Durán, el Rey Vallenato y maestro juglar

Náfer Santiago Durán Díaz murió a los 94 años, dejando un vacío enorme en la música tradicional colombiana. Para quienes amamos el vallenato, su partida no es solo la pérdida de un músico, sino el cierre de un capítulo entero de aquella generación que aprendió el arte del acordeón sin fórmulas comerciales, tocando genuinamente para la gente, en las plazas y en las parrandas, donde la memoria era la única partitura.
Náfer Durán fue un acordeonista y compositor colombiano que entendió que ser juglar era mucho más que dominar el instrumento. Para él, el acordeón era una herramienta para conversar con el pueblo y narrar vivencias. Su legado se construyó recorriendo caminos, escuchando historias y convirtiendo la vida cotidiana en canciones que viajaban de pueblo en pueblo en la región Caribe.
Una dinastía de coronas y familia
El apellido Durán ya pesaba en la historia del vallenato gracias a su hermano, Alejo Durán, quien había logrado la primera corona del Festival de la Leyenda Vallenata en 1968. Sin embargo, en 1976, Náfer escribió su propia página dorada al presentarse en el certamen de Valledupar y coronarse también como Rey Vallenato. Aquella tarde fue clave para consolidar el festival como el escenario máximo de la música de acordeón.
Lo más bacano de esa victoria fue que Náfer interpretó piezas como El estanquillo, Teresita, Déjala vení y Altos del Rosario. Esta última tenía un valor sentimental gigante porque pertenecía precisamente a su hermano Alejo. Fue un momento donde el acordeón habló literalmente en familia, sumando dos coronas para una misma sangre musical. Años más tarde, en 1983, el Festival le otorgó la distinción de ser declarado fuera de concurso, un honor reservado solo para quienes ya alcanzaron la máxima consagración.
El toque maestro detrás del debut de Diomedes Díaz
Hay un dato que deja a cualquiera con la boca abierta: Náfer Durán fue el encargado de acompañar con su acordeón los primeros pasos discográficos de uno de los más grandes, Diomedes Díaz. En 1976, el mismo año en que Náfer se coronaba rey, participó en la grabación del álbum Herencia Vallenata con Codiscos, que marcó el debut oficial del cantante de La Junta.
En ese momento, Náfer puso su talento al servicio de una voz que todavía estaba abriendo camino en la industria. Aunque en aquel entonces no podía dimensionar que Diomedes llegaría a ser conocido como el Cacique de La Junta y a ocupar un lugar importante en la historia del vallenato colombiano, esa grabación quedó como un testimonio histórico. Mientras la carrera de Diomedes despegaba con fuerza, Náfer decidió seguir el sendero del juglar, defendiendo la tradición y componiendo música basada en la vivencia real.
La esencia de los cuatro aires y la nostalgia
Náfer no solo tocaba; él escribía desde el corazón. Una de sus composiciones más recordadas es Sin ti, la cual nació durante una estancia en Mompox. En esa canción volcó la nostalgia y la ausencia de su esposa, Rosibel Escorcia, demostrando que el juglar no necesita inventar cuentos porque le basta con vivirlos para convertirlos en arte.
Durante más de ocho décadas, sus manos hicieron hablar el instrumento a través de los cuatro aires tradicionales: el paseo, el merengue, el son y la puya. Para él, cada aire tenía un propósito: una puya podía ser un desafío, un son servía para lamentar, el merengue narraba y el paseo era el refugio de los recuerdos. Su música se mantuvo fiel a la conversación clásica entre el acordeón, la caja y la guacharaca.
Náfer fue testigo y protagonista de la transición del vallenato, viendo cómo el género pasaba de los patios y las parrandas a los estudios de grabación y de los pueblos a las grandes ciudades. A pesar de que el sonido del Caribe llegó a fronteras lejanas gracias a la industria, él siempre se mantuvo ligado a la palabra tradición. Nos deja sus grabaciones, su nombre en la historia del Festival de la Leyenda Vallenata y la memoria de una época en que la música se tocaba para la gente, para las parrandas y para la memoria.
¿Quién más se acuerda de esa esencia pura del vallenato antes de que todo se volviera tan comercial?
