Volvió el libro más deseado: se reedita el diario de Bioy Casares sobre Borges

El acontecimiento editorial del año ya está acá. El Borges de Adolfo Bioy Casares empezó a llegar a las librerías el 2 de octubre de 2026 en un formato que no se guarda cualquier cosa: dos tomos de tapa dura protegidos por una caja contenedora. El volumen es imponente, con 2060 páginas y miles de notas al pie. Para el mercado local, la tirada de 6000 ejemplares es considerada grande y optimista, especialmente si tenemos en cuenta que el precio es de 189.900 pesos.
Contexto rápido para los que no están al día: Jorge Luis Borges fue un escritor, poeta, traductor, crítico literario y ensayista argentino, considerado uno de los más grandes del siglo XX. Adolfo Bioy Casares, autor de La invención de Morel, fue su amigo cercano y colaborador constante. El vínculo entre ambos, nacido entre 1931 y 1932, es el eje de esta obra.
Un objeto de deseo y misterio
Desde que salió originalmente en 2006, este diario se transformó en un objeto mítico. Al quedar agotado y descatalogado durante veinte años, su valor se fue disparando y los pocos ejemplares que circulaban se cotizaban altísimo, llegando algunos a valer hasta un millón de pesos. El fenómeno fue tan fuerte que en las redes sociales se llegó a mencionar la creación de un "Índice Borges" para medir variables económicas.
Durante mucho tiempo no hubo noticias de una nueva edición, pese a que mucha gente la pedía. En ese vacío aparecieron rumores sobre malestares y censuras veladas. En 2011 se lanzó una versión abreviada, un compendio que en su momento pasó desapercibido, quizás porque la esencia del libro radica en su desmesura y no en un resumen que deje una sensación de insuficiencia, aunque con el tiempo esa versión empezó a apreciarse más.
Cómo se armó este retrato
El libro no es un género único, sino que nace del diario personal que Adolfo Bioy Casares empezó a escribir en 1947. Fue Daniel Martino, su albacea literario, quien trabajó con Bioy sus papeles personales en los últimos años de su vida. Martino se dio cuenta de que Borges tenía una presencia muy fuerte en esas anotaciones y decidió extraerlas para construir un retrato del escritor basado en conversaciones y situaciones cotidianas. Este trabajo, que incluye notas minuciosas, permitió que Martino y Bioy crearan varios libros.
La frase "Come en casa Borges" es casi un mantra que abre más de 1700 de las entradas del diario. En esas sobremesas extensas, los dos amigos pensaban y mejoraban tramas propias y ajenas, citaban versos, creaban nuevos, traducían con imaginación y celebraban la palabra justa o inesperada.
Lo nuevo y lo polémico de esta edición
Esta versión trae mejoras significativas: un índice onomástico y temático de 195 páginas para encontrar referencias a personas y eventos más fácil, además de tres anexos. Daniel Martino aclaró en el prólogo que realizó correcciones comparando los originales manuscritos con lo publicado y agregó más de 400 fragmentos que habían sido omitidos involuntariamente o que no se consideraron oportunos en la primera edición.
Gran parte de este contenido nuevo se refiere a María Kodama, específicamente a la visión que Bioy Casares y su esposa, Silvina Ocampo, tenían de ella y su relación con Borges. Si bien algunos textos expresan dudas sobre el vínculo o critican actitudes de María, también dejan en claro la importancia de Kodama y su presencia permanente en los últimos 15 años de vida de Borges.
Por otro lado, la obra no estuvo exenta de críticas. A Bioy lo tildaron de indiscreto por exponer debilidades o accidentes domésticos de Borges, como orinar fuera del inodoro debido a su ceguera o un episodio de nudismo inadvertido en una playa de Mar del Plata en 1964, que provocó un comentario pícaro de Silvina Ocampo sobre las dotes viriles del escritor. También hubo quienes lo tildaron de racista o criticaron sus posiciones políticas, sobre todo su antiperonismo.
Sobre esto, Martino explicó en la introducción que, al ser registros cotidianos, el libro refleja el lenguaje y los prejuicios de la época. Aunque esos pasajes puedan resultar ofensivos hoy y no sean compartidos por la editorial, los derechohabientes ni por el propio Martino, se decidió conservarlos por su valor como testimonio histórico y biográfico.
Para cerrar el debate sobre la intimidad, existe una anécdota donde un joven escritor le mostró sus diarios a Borges para tranquilizarlo sobre la discreción de sus notas. Borges, según cuentan, respondió con impaciencia que un diario tiene que ser indiscreto.
