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El tren fluvial: la ópera prima que rinde homenaje al cine argentino

El tren fluvial llegó para recordarnos que el cine argentino tiene una mística única. Esta película, dirigida y escrita por Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale, no es solo una historia sobre crecer, sino un viaje iniciático donde el protagonista, Milo, busca escapar del campo para llegar a una Buenos Aires que sueña como el lugar donde puede convertirse en artista. La trama es mínima, pero el peso fuerte está en cómo se cuenta todo, con una frescura y una honestidad emocional que te atrapa.

Para entender cómo se armó este universo, hay que mirar las referencias. Los directores no quisieron copiar, sino evocar. El camino creativo de la película se apoya en la poética de Leonardo Favio, especialmente en su película Soñar, soñar. De hecho, el primer guiño es súper evidente: un viejo televisor donde Carlos Monzón dice que se va a Buenos Aires a trabajar de artista. Ese sentimiento de anhelo y descubrimiento es el motor de la película, similar a lo que pasó en Los 400 golpes de François Truffaut o en Crónica de un niño solo.

La película se construye a través de la mirada de Milo, un chico que practica malambo y que ve el mundo con esa fascinación atemporal de la infancia. Mientras los adultos ven la ciudad como algo repetitivo y tedioso, Milo la recorre con ojos curiosos. En ese recorrido, el film suma encuentros clave que ayudan a armar el rompecabezas de su identidad: dialoga con un anciano dormido a través de auriculares, conoce a un karateca interpretado por Fabián Casas y se presenta a un casting con una profesora, papel que cumple Rita Pauls.

Otro pilar fundamental de la obra es la conexión con la literatura y la poesía argentina. El título mismo viene de la literatura de Francisco Madariaga, un poeta que llegó a Buenos Aires desde los esteros correntinos. La película integra la voz real del poeta recitando fragmentos de su obra, como en el poema Viaje estival con Lucio, donde menciona el sueño del viejo tren casi fluvial. Esta mezcla de lo telúrico y lo onírico es lo que le da ese encanto tan particular a la producción.

La atmósfera se completa con una elección musical muy cuidada. El tema principal, Quiero vencer mi soledad de Raúl Vásquez, refuerza esa intención narrativa y se ancla en motivos populares que hacen que la película se sienta auténtica. No es un film perfecto, pero su audacia y su ingenio hacen que el resultado sea excelente, logrando que el espectador se sumerja en ese viaje de autoconocimiento.

En resumen, Ferro y Vignale lograron condensar un universo creativo que rinde tributo a los grandes maestros sin caer en la imitación. El tren fluvial es una pieza sensible que usa el camino hacia la gran ciudad como una metáfora del crecimiento y la búsqueda artística. Es una apuesta arriesgada que apuesta por la emoción y la cultura argentina en su estado más puro.

¿Quién no tuvo alguna vez ese sueño de escaparse a la ciudad para conquistar el mundo?

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.