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¡Qué chismecito! María José y Apio Quijano: del noviazgo a los faciales

Ay, los romances de juventud. Esos que en su momento se sienten enormes y que años después se cuentan entre carcajadas como si fueran el mejor capítulo de una comedia. Pues nuestra querida María José, mejor conocida como La Josa, decidió abrir ese baúl y regalarnos una historia de las que valen oro: la del noviazgo que tuvo con Apio Quijano, su compañero en Kabah, y la forma en que aquella relación encontró su propio final.

La Josa contó todo en entrevista con Gustavo Adolfo Infante, y lo hizo con la honestidad y el humor que la caracterizan. No hubo drama, no hubo rencor. Solo memoria, risas y un par de frases que ya merecen entrar al cancionero del chisme pop mexicano.

De niños en la banqueta a compañeros en el escenario

Para entender por qué esta historia importa, hay que entender de dónde vienen. María José y Apio Quijano no se conocieron en un casting ni en una firma de discos: se conocieron de niños. «Yo conocí al Apio cuando el Apio tenía… si yo tenía nueve, el Apio tenía ocho o siete años», recordó La Josa entre risas. Es decir, antes de los reflectores, antes de los escenarios y mucho antes de que Kabah se convirtiera en uno de los referentes del pop mexicano de los noventa, ya había entre ellos una historia compartida.

Kabah fue una de las agrupaciones más importantes de México en aquella década: canciones que ponían a bailar a todo el país y una presencia que se volvió parte de la identidad pop de toda una generación. Dentro de ese ambiente de ensayos constantes, giras y convivencia casi diaria, era inevitable que surgieran vínculos que iban más allá de lo profesional. Y así fue. La amistad de infancia entre María José y Apio fue creciendo con ellos, hasta que un día dejó de ser solo eso.

Fue Apio quien dio el primer paso

La cantante contó que fue su compañero quien planteó directamente la posibilidad de intentar algo más. Ella, con la espontaneidad que siempre la ha definido, aceptó: «Oye, pues ¿qué onda? Pues, pues si quieres, sí, órale, va, venga», recordó sobre el momento en que dijo que sí. Así de directo, así de joven, así empezó el romance.

Lo que vino después es esa zona gris que muchas personas reconocerán: la relación existía en el papel, pero algo en la dinámica no terminaba de encajar. «Después dije, pues como que esta relación está yendo na' más pa' un lado», relató María José. Y ese lado, pronto quedó claro, no era el de los novios. «Sentía que estaba con mi amiga», explicó, describiendo con una precisión brutal el momento en que uno se da cuenta de que algo cambió, aunque no sepa exactamente qué ni cuándo.

«Se le apagó la flama»

El momento cumbre de la entrevista llegó cuando Gustavo Adolfo Infante le preguntó si fue entonces cuando se dio cuenta de la orientación sexual de Apio. Entre risas, La Josa explicó que notó que a él ya no le interesaba tanto «aquello» y que los planes en común habían evolucionado hacia otro territorio: «más bien era de vamos a hacernos faciales». De las citas románticas a las sesiones de cuidado personal entre amigas: el resumen más preciso y más divertido de toda la historia llegó en cuatro palabras que hicieron reír a los dos lados: «Se le apagó la flama».

Pero La Josa fue clara en algo importante: sí hubo atracción. «Claro que hubo flama y muy bien», aseguró, dejando en claro que no fue una relación inventada ni forzada, sino algo real que tuvo su momento. Y como remate de esa memoria, recordó que Apio llegó a confesarle que ella había sido la única. «Y me dice: 'Fuiste la única'», relató, para después soltarle una respuesta que resume perfectamente su sentido del humor: «Pues no sé si es bueno o malo, güey». Chisme narrado por los protagonistas, con toda la comedia intacta.

Una amistad que sobrevivió a todo

Lo que más llama la atención de esta historia no es el romance en sí, sino lo que quedó después. Lejos de cualquier drama o resentimiento, María José habló de Apio con genuino cariño: «Me llevo superbien con él», afirmó sin dudar. Lo que pudo haber sido una anécdota incómoda se convirtió en parte de una amistad sólida y duradera, de esas que sobreviven porque están construidas sobre algo mucho más profundo que un flechazo.

La cantante también reflexionó sobre cómo vivía las relaciones en su juventud. Se confesó muy infiel de chavita —alrededor de los 18 o 19 años— aunque aclaró rápidamente los términos: para ella, en aquella época, la infidelidad era tan sencilla como darle un beso a alguien más. «Para mí la infidelidad era ya darle un beso a alguien más», explicó, lo que pone toda esa etapa en un contexto muy distinto al que la palabra podría sugerir a primera vista.

Hoy, el panorama es completamente diferente. La Josa lleva 22 años felizmente casada con su esposo, con quien incluso se volvió a casar después de veinte años juntos: «Estoy muy feliz con mi marido, me volví a casar con él después de veinte años». Un final que nadie hubiera guionizado mejor.

Al final, la anécdota del noviazgo entre María José y Apio Quijano es exactamente el tipo de historia que solo el tiempo sabe producir: dos personas que se conocieron de niños, que compartieron escenarios y también un breve capítulo sentimental, y que encontraron en la amistad algo más duradero que cualquier romance. Una flama que se apagó, sí, pero que dejó encendido algo mucho más bonito.

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