Ripley: el thriller de Netflix que nos tiene obsesionados con el blanco y negro

Hay criminales que necesitan explosiones, persecuciones a toda velocidad y planes maestros para mantenernos pegados a la pantalla, pero Tom Ripley no es uno de esos. Para este personaje, basta con entrar a una habitación, observar lo que otros tienen y empezar a fantasear con cómo apropiarse de la vida ajena. Netflix logró transformar la novela de Patricia Highsmith, publicada en 1955, en una de sus series más elegantes y perturbadoras.
La trama sigue a Tom, un estafador de poca monta que sobrevive como puede en Nueva York. Todo cambia cuando un empresario rico lo confunde con un amigo de su hijo y le propone un negocio: viajar a Italia para convencer al joven de regresar a Estados Unidos. Tom acepta y llega en la costa italiana, donde conoce a Dickie Greenleaf. Dickie lo tiene todo: dinero, una casa frente al mar y tiempo para pintar, una vida que Tom mira con una mezcla de fascinación y envidia pura.
Pero no todo es color de rosa en este viaje. Marge, otro personaje clave, se da cuenta muy rápido de que el recién llegado esconde algo, aunque en ese momento todavía no puede ni imaginar hasta dónde es capaz de llegar Tom. A medida que avanza la historia, todo se vuelve más oscuro. Tom comprende que volver a Nueva York implica regresar a la vida que tenía antes, y es ahí donde mentir se vuelve un juego cada vez más fácil. Después de las mentiras, llegan decisiones mucho peores, ya que el personaje está construido sobre esa capacidad de cruzar una línea moral y descubrir que la siguiente ya parece menos difícil.
Andrew Scott, quien ya nos había dejado impactados en Fleabag y Todos somos extraños, se mete en la piel de Tom desde un lugar mucho más frío. Su interpretación se basa en la observación: el personaje habla poco y se dedica a estudiar a quienes tiene enfrente, analizando cómo se visten, cómo se mueven y qué poseen para descubrir exactamente qué necesita hacer para entrar en ese mundo.
Steven Zaillian, el director, tomó decisiones muy fuertes para diferenciar esta versión de las anteriores, como la película de 1999 con Matt Damon, Jude Law y Gwyneth Paltrow. En esta miniserie, Tom es un hombre mayor, de unos 30 y tantos años, que siente que la vida se le escapa sin haber logrado sus deseos. Según Zaillian, poner al personaje en esa edad potencia la sensación de fracaso que lo persigue desde el primer minuto.
Visualmente, la serie es un espectáculo. Aunque Roma, Venecia, Nápoles y la costa Amalfitana podrían haber sido una postal turística llena de color, Zaillian decidió filmar todo en blanco y negro desde el inicio. El objetivo era alejarse de la imagen luminosa de unas vacaciones italianas y acercarse más al estilo del cine noir. El director de fotografía Robert Elswit ejecutó esta idea con sombras muy marcadas, escaleras que parecen no terminar nunca y habitaciones donde siempre parece que hay algo escondido.
Los encuadres también juegan un papel fundamental, dejando a Tom atrapado entre espejos, ventanas y puertas. Incluso los objetos más simples, como un cenicero, un anillo o una máquina de escribir, reciben una atención especial porque terminan revelando mucho sobre los deseos de Ripley.
La serie no solo conquistó al público, sino también a la crítica, manteniendo un 86 por ciento de aprobación en Rotten Tomatoes. Esto se tradujo en presencia en la temporada de premios, donde la miniserie, Andrew Scott y Dakota Fanning fueron protagonistas. En los Emmy, la producción se llevó cuatro premios y 13 nominaciones, ganando específicamente en Mejor Dirección para una Miniserie, Mejor Fotografía, Mejores Efectos Visuales y Mejor Edición de Sonido. Scott y Fanning también estuvieron nominados como actor principal y actriz de reparto, respectivamente.
Si buscan algo corto y contundente, esta historia de ocho episodios, generalmente de menos de una hora cada uno, cierra su trama completamente en una sola temporada. Está disponible completa en Netflix para quienes quieran dejarse atrapar por la frialdad de Tom Ripley.
