¿Querés ser mi hijo?: el debut actoral de Wanda Nara que no termina de convencer

Wanda Nara dio el salto al cine con ¿Querés ser mi hijo?, una producción argentina-uruguaya dirigida por Hernán Guerschuny. Pero seamos honestos: que sea simpática y encantadora no es lo mismo que saber actuar. El resultado es una película que se siente regular y que deja en evidencia que conducir MasterChef es un mundo totalmente distinto a sostener un personaje durante 95 minutos frente a la cámara.
Para quienes no la ubican, Wanda es una figura de la televisión y una estrella de las redes que pasó de ser una mediática escandalosa a intentar limpiar su imagen como conductora. Siempre tuvo el carisma y la popularidad, pero acá se enfrentó al desafío de cargar con una película entera sobre sus hombros y, la verdad, no lo logró.
Una trama que no sorprende
La historia no inventa nada nuevo porque sigue al pie de la letra los lineamientos de una película mexicana del mismo nombre estrenada en 2023. En este relato, Lucía, el personaje de Nara, descubre que su marido la engaña y decide mandar todo a volar para independizarse de su vida acomodada y buscar laburo. Encuentra un puesto que parece ideal, pero hay un problema: la empresa le da una importancia exagerada a los valores familiares.
Desesperada por conseguir el cargo y enfrentando un encuentro de fin de semana en una quinta con todas las candidatas, Lucía toma una decisión drástica: contrata a su vecino Javier, interpretado por Agustín Bernasconi, para que se haga pasar por su hijo. Obviamente, para que la historia tenga aunque sea un mínimo de interés en medio de tanta superficialidad, y a pesar de que no tienen la edad para ser madre e hijo, los dos terminan enamorándose.
Actuaciones que quedaron en pausa
El papel de Nara no es precisamente el de Shakespeare, pero aun así se nota la falta de oficio. Para intentar que funcione, la actriz decidió bajarle una octava a su tono de voz natural y calmar su ímpetu. Si bien el resultado inicial fue positivo, terminó cayendo en un registro monocorde que mantiene durante todo el film. Pase lo que pase en la escena, Wanda llega, dice sus líneas y se va, sin matices, sin cambios de inflexión y sin que se note ningún conflicto interno en su personaje.
Para que se entienda mejor: su trabajo es muy parecido al de Isabel Sarli en su época de esplendor, ya que tampoco sabía actuar. La única diferencia es que Wanda se mantiene bastante más recatada, salvo por una interacción que es más sensual que erótica.
El problema es que esta falta de brillo no afecta solo a la protagonista. La película termina siendo como un ancla que arrastra al fondo del mar a Agustín Bernasconi, Jean Pierre Noher y Charo López. Estos tres actores ya demostraron en otros proyectos que tienen un vuelo actoral mucho más alto, pero acá se quedan sin luz, atrapados en una historia que no los potencia.
Un guion sin vueltas
Cuando la materia prima es pobre, es difícil hacer magia. El guion, escrito por Sofía Szelske y Hernán Guerschuny, no tiene giros argumentales ricos ni sorpresas. El relato se mueve por carriles conocidos y esperables, buscando un impacto que nunca llega a encontrar.
Aunque la dirección de Guerschuny y los rubros técnicos —como la fotografía de Nicolás Trovato, la edición de Juan Pablo Docampo y la música de Martín Rivero y Federico Mieres— son correctos, es imposible sacar agua de las piedras. La técnica está bien, pero no alcanza para salvar una historia vacía.
Al final, no queda claro quién es el público objetivo de esta película. Los que vayan buscando una comedia romántica se van a sentir defraudados, y los que vayan solo para ver a la estrella de las redes y la figura de la televisión también se van a llevar una decepción. El destino de la cinta es tan misterioso como su taquilla. Solo queda esperar que el carisma de Wanda sea suficiente para que sea un éxito, porque realmente no tiene nada más que eso.
¿Ustedes creen que el carisma alcanza para salvar una película o el cine requiere algo más que seguidores?
