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Shakira la rompió en Madrid. Después de más de ocho años de ausencia en tierras españolas, la reina de Barranquilla regresó el viernes 25 de septiembre para un reencuentro épico con su "manada" de fans, ¡y vaya que valió la pena la espera! El concierto no fue solo un repaso por sus éxitos, fue una declaración de intenciones, un grito de empoderamiento femenino que nos dejó con la boca abierta y las caderas moviéndose solas. Desde el primer momento, la energía estaba a tope. La frase que se ha vuelto un himno, "Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan", retumbó en cada rincón, dejando claro el mood de la noche. Pero Shakira fue más allá, rescatando unas palabras de la escritora chilena Isabel Allende: "Las mujeres solas somos más vulnerables, pero las mujeres juntas somos invencibles". La vibra era palpable entre el público. Mujeres de todas las edades, con pelucas moradas, tops de brillo, faldas de monedas y purpurina, aulló con Shakira. Por unas horas las diferencias desaparecieron. El discurso sobre la independencia emocional también tuvo su momento estelar, antes de interpretar "Soltera". Antes de "Soltera", Shakira recordó lo que su padre le dijo: "Todo lo que necesitas para ser feliz está dentro de ti; no fuera". Un mensaje claro: la felicidad no depende de estar acompañado. Cuando llegó la medianoche, la luna llena brillaba en el cielo madrileño y los diez mandamientos de una loba aparecían en las pantallas. Shakira se convirtió en esa loba, seguida de "Loba" y la sesión con Bizarrap. El concierto abarcó más de treinta años de carrera: desde "Pies Descalzos" hasta "Las mujeres ya no lloran", la Shakira latina, rockera, árabe, bailarina y la que hizo de sus rupturas un himno, todas en un escenario.

Luna llena, los diez mandamientos de una loba, caderas, purpurina, vibra latina, las palabras de Isabel Allende y una canción que se ha convertido en una declaración de intenciones. El concierto de Shakira en Madrid fue mucho más que un repaso por algunos de los grandes éxitos de su carrera.

Después de más de ocho años sin pisar España, la artista colombiana regresó a Madrid para reencontrarse con una manada que llevaba demasiado tiempo esperando. La frase que ha acompañado una de las etapas más importantes de su carrera volvió a protagonizar un espectáculo en el que el empoderamiento femenino estuvo presente prácticamente de principio a fin: «Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan».

Uno de los momentos más potentes de la noche llegó cuando Shakira compartió con su público unas palabras de la escritora chilena Isabel Allende: «Las mujeres solas somos más vulnerables, pero las mujeres juntas somos invencibles». No fue una cita lanzada al azar. Encajaba con la atmósfera que la artista había construido durante toda la noche y con una idea que se ha convertido en uno de los ejes de su actual etapa: la mujer que deja atrás la dependencia emocional, recupera su propia identidad y encuentra en otras mujeres una red de apoyo.

Allí estaba su manada. Mujeres de distintas edades, con pelucas moradas, faldas de monedas, tops de brillo, purpurina y gafas plateadas que habían acudido dispuestas a cantar, bailar e, incluso, aullar. Durante unas horas, las diferencias parecían desaparecer. La edad, la nacionalidad o la historia personal de cada una quedaban en segundo plano frente a una sensación compartida: la de formar parte de la manada.

El discurso sobre la independencia también apareció ligado a «Soltera», uno de los temas que más claramente representa su nueva etapa. Antes de interpretarla, Shakira habló de la soltería desde una perspectiva muy diferente a la idea de fracaso que durante años ha acompañado a quienes terminan una relación. Recordó unas palabras que su padre le transmitió: «Todo lo que necesitas para ser feliz está dentro de ti; no fuera». Una frase que conectaba directamente con el mensaje lanzado minutos antes: la felicidad no tiene por qué depender de estar acompañado.

Cuando la velada avanzaba hacia la medianoche, el espectáculo adquiría todavía más significado. La luna llena era protagonista del cielo de Madrid mientras en las pantallas aparecían los diez mandamientos de una loba. Shakira se convertía en esa loba que ha acompañado buena parte de su imaginario reciente, seguida de miles de mujeres dispuestas a corear cada palabra. Entonces llegaban «Loba» y la esperada sesión con Bizarrap que ha dado nombre al tour.

El concierto fue también un viaje por más de tres décadas de carrera. La Shakira latina, la rockera, la de las raíces árabes, la bailarina y la mujer que ha hecho de sus rupturas una fuente de inspiración convivieron en un mismo escenario.

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