Iñárritu lanza Digger: la película que liberó a Tom Cruise de ser el guapo

Alejandro González Iñárritu ha dejado claro que Digger no es una película para analizar con palabras, sino para sentirla. El director comparó su obra con un mango, explicando que es una pieza ácida y a la vez dulzona que sorprende por dentro y requiere tiempo de maduración. Para él, la única forma de entender el sabor de un mango es ponérselo en la boca, y con su película pasa lo mismo: hay que ponérsela en los ojos para poder comprenderla, ya que cualquier explicación previa haría que se perdiera la esencia.
La cinta se estrenó en los cines el viernes 2 de octubre, después de que Iñárritu pasara una década dándole vueltas al proyecto. Poco antes de su lanzamiento, el director vio la versión final con público en Londres, donde asistieron los príncipes de Gales, Guillermo y Kate. Iñárritu comentó que los príncipes parecían estar digiriendo la experiencia tras el encuentro.
Un ataque al capitalismo y la ambición
El cineasta mexicano, reconocido por dirigir Birdman, Babel y Amores perros, diseñó una historia cargada como una matrioska donde el hilo conductor es el capitalismo. En la trama, Tom Cruise interpreta a Digger Rockwell, un magnate del petróleo con un poder y dinero inmensos que presume ante otros hombres blancos y poderosos, pero ineptos, cuyas decisiones terminan poniendo en peligro a toda la humanidad.
Aunque la película lanza una crítica voraz al mundo actual, Iñárritu asegura que no tiene una posición ideológica cerrada. Él lo define como una observación con sentido del humor sobre la naturaleza humana y la insaciable ambición, donde el beneficio de una sola persona se convierte en el problema de millones. El director sostiene que el poder debería implicar responsabilidad, aunque en la realidad suele ser irresponsabilidad.
La ficción que se come a la realidad
Para Iñárritu, Digger trata más sobre el storytelling y las historias que las personas se cuentan para justificar sus acciones que sobre la trama en sí. El director mencionó que la historia se cuenta dos veces: primero como tragedia y luego como comedia. Esta estructura le permite jugar con lo cómico y lo trágico de lo que sucede tanto en la ficción como en el mundo real.
El cineasta advirtió que actualmente la ficción está absorbiendo la realidad, pues se manipula y se ignora la verdad a través de la tecnología. Señaló que los gobiernos fascistas siempre intentan controlar primero la narrativa y el lenguaje para dominar a las masas. Por ello, aclara que su película no busca decir si el capitalismo es bueno o malo, ya que la realidad es ambigua y compleja, lejos de las soluciones simplistas que ofrecen los populistas.
El riesgo de Tom Cruise
Aunque la película cuenta con actuaciones de Sandra Huller, Jesse Plemons y John Goodman, el peso recae totalmente en Tom Cruise. Iñárritu describió al actor como alguien a quien no se le puede quitar la vista de encima, logrando que su personaje provoque asco, risa, pena y odio simultáneamente. Según el director, a Cruise le encantó la película porque lo liberó de ese hombre guapo y fuerte que es él.
La colaboración comenzó en 2019, cuando Iñárritu, quien ya llevaba dos años escribiendo la historia junto a Sabina Berman, le mostró a Cruise cientos de imágenes de storyboards. Aunque el proyecto se pausó por problemas de agenda y presupuesto, Iñárritu rescató la idea y la reescribió por completo. Cuando volvió a contactar al actor, este seguía interesado porque la propuesta le había volado la cabeza tres años antes. De hecho, Cruise hizo una petición curiosa: pidió que el director le leyera el guion en voz alta, algo que a Iñárritu le pareció extraño pero agradable, ya que le permitió escuchar sus propias palabras por primera vez.
Al final, Digger es una comedia con corazón. Iñárritu evitó que fuera una simple burla o una reflexión demasiado intelectual, buscando que fuera una observación de la naturaleza humana con compasión y candor. El director quiso explorar el papel del arte y cómo los artistas documentan la historia, a diferencia de cómo la cuentan los poderosos, manteniendo una posición omnisciente sin juzgar quién es el bueno o el malo.
