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Gael García Bernal no fue a Venecia solo a comer pasta

via Instagram @gaelgarciab

Hay personas que simplemente no van a los festivales de cine a posar para las cámaras y ya. Gael García Bernal es una de ellas. El actor, director y productor mexicano pisó la alfombra roja del Festival de Cine de Venecia no solo para disfrutar del glamour italiano, sino para presentar una propuesta cinematográfica que, desde el primer momento, deja claro que no viene a entretener superficialmente: viene a incomodar, a preguntar, a sacudir.

La cinta que llevó al festival es descrita como una fábula sobre la manipulación de los poderosos. Y Gael no se anduvo con rodeos al hablar de ella. En sus propias palabras: "Uno se pregunta cómo es que llegamos a este momento donde todo tiene que tener una función de provecho, de capitalización, de cooptación electoral también". Así, sin filtros ni medias tintas. Porque cuando alguien lleva décadas observando el mundo desde los escenarios más distintos —el cine de autor latinoamericano, las grandes producciones internacionales, la televisión de prestigio—, termina teniendo cosas serias que decir. Y Gael las dice.

El hombre detrás del personaje

Para entender por qué esto importa, conviene recordar quién es Gael García Bernal más allá del nombre en los carteles. Nacido en México, construyó una carrera que cruza fronteras con una naturalidad que muchos quisieran pero pocos logran. Sus papeles en filmes como "El crimen del Padre Amaro", "La mala educación", "Diarios de motocicleta", "No" y "Babel" lo posicionaron como uno de los actores latinoamericanos más sólidos y versátiles de su generación. No es el tipo que repite fórmulas: cada proyecto parece elegido con intención, con una brújula que apunta siempre hacia historias que tienen algo que decir.

Luego llegó "Mozart in the Jungle", la serie que le valió un Globo de Oro en 2016 como mejor actor en televisión en la categoría de comedia o musical. Ese mismo año, la revista Time lo incluyó en su lista de las 100 personas más influyentes del mundo. No está mal para alguien que, encima, también dirige y produce. Cuando Gael está detrás de la cámara, el resultado suele ser igual de inquieto e incómodo que cuando está frente a ella.

Una fábula para tiempos que lo piden

Que sea una fábula no es un dato menor. Las fábulas tienen esa capacidad rara de hablar de lo más concreto —el poder, la codicia, la manipulación— usando formas que parecen distantes o fantásticas, pero que de pronto te caen encima como un balde de agua fría cuando te das cuenta de que estás hablando de hoy, de aquí, de esto que vivimos. La pregunta que Gael planta en el centro del filme —cómo llegamos a un punto donde todo, absolutamente todo, se mide en función de su utilidad política o económica— no es una pregunta abstracta. Es la pregunta que cualquier persona que lea las noticias o navegue cinco minutos en redes sociales debería estar haciéndose.

Eso es exactamente lo que hace que este proyecto sea relevante más allá de los círculos cinéfilos. No hace falta ser fanático del cine de arte para que el tema te agarre de la solapa. La cooptación, el provecho, la capitalización de todo lo humano: son dinámicas que afectan a quienes votan, a quienes consumen, a quienes simplemente intentan vivir sin que alguien les saque provecho en el camino.

México en los festivales que importan

Que todo esto ocurra en Venecia no es un detalle menor. Estar ahí, presentando una propuesta propia, con un mensaje que no le saca la vuelta a la realidad, es una forma de confirmar que el talento mexicano sigue siendo una voz necesaria en la conversación global. Y que, además del talento individual, hay una visión, una postura, una voluntad de decir algo.

Por si fuera poco, en el mismo festival se dejó ver junto a Ricky Martin, recordándonos que el talento latino no solo existe: ocupa espacios, acapara flashes y marca presencia con un estilo que, seamos honestos, nadie más tiene.

Al final, lo que Gael García Bernal trae a Venecia con esta fábula no es solo una película. Es una invitación a hacernos preguntas incómodas que, si somos honestos, ya deberíamos haber estado haciéndonos. Porque si algo ha demostrado este cuate a lo largo de su carrera es que el arte, cuando se hace en serio, nunca es solo entretenimiento. Es, también, un espejo. Y a veces lo que vemos en él no nos gusta nada. Pero necesitamos verlo.

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.