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La Pestilencia se despide: el fin de una era del metal colombiano

La Pestilencia tenía programado su último concierto en Medellín para el lunes 12 de octubre, a las 7:40 p.m., en el Estadio Cincuentenario. Sería una presentación especial, más larga que las demás, en la que la banda estaría acompañada por cerca de 50 músicos de la Red de Escuelas de Música de Medellín, para llevar un par de canciones al formato sinfónico.

La banda es un referente indiscutible del metal y los sonidos pesados en Colombia. Surgieron hace cuatro décadas, en una época donde no existían las redes sociales ni las plataformas digitales, y donde la música estaba impulsada por un contexto de horror y desesperanza. Según Dilson, líder de la agrupación, ese sentimiento era el motor de sus composiciones, pues en aquel entonces la muerte y la falta de futuro eran realidades cotidianas que se veían en cada esquina, más allá de lo que reportaban las noticias.

Una crónica musical del país

El impacto de la banda fue tal que logró conectar con sectores muy diversos de la sociedad. Dilson recuerda que incluso los jóvenes considerados "fresas" o gomelos en los colegios se identificaban con sus letras, ya que las canciones narraban el dolor y la violencia que atravesaba Colombia. Carlos Marín, guitarrista de la banda, afirma que La Pestilencia es, en esencia, la historia del país plasmada en música.

Su camino discográfico empezó en 1989 con el álbum La Muerte Un Compromiso De Todos, el cual incluía el tema La Ciencia de la Autodestrucción, donde ya se advertía que en un mundo perdido no habría futuro. A lo largo de los años, la banda consolidó su legado con una serie de trabajos: Las Nuevas Aventuras De... La Pestilencia en 1993, El Amarillista en 1997, Balística en el año 2000, Productos Desaparecidos en 2005, Paranormal en 2011 y, más recientemente, País de Titulares en 2018.

El dilema de no repetirse

Aunque existe un disco en proceso con la música ya terminada, las letras siguen pendientes. Dilson explica que escribir hoy es un reto, porque siente que en Colombia hay sectores que siguen arraigados a la guerra, el narcotráfico, la guerrilla y el paramilitarismo. Para él, escribir sobre estos temas ahora se siente como repetir letras que ya dijo hace décadas. Este conflicto interno, el no querer repetir un discurso que ya fue dicho con claridad en sus canciones, fue parte de la razón para decidir decir adiós.

Para la banda, el motor de la música actual es distinto al de sus inicios. Mientras ellos nacieron de la calle y la desesperanza, la música de ahora se mueve por la ilusión de las pantallas, las redes sociales y las plataformas digitales, construyendo una idea de futuro basada en lo virtual.

Disciplina sobre el miedo

La carrera de La Pestilencia no fue un camino sencillo ni lleno de lujos. Carlos Marín reconoce que nunca fueron esos músicos que pudieron dedicarse exclusivamente a su arte; cada integrante tuvo que mantener trabajos independientes y hacer otras actividades para sostenerse. Sin embargo, aseguran que la música les brindó satisfacciones que ninguna otra actividad puede dar.

Tras cuatro décadas de trayectoria, los músicos concluyen que la clave para hacer música no es la ausencia de miedo, sino la disciplina, la persistencia y tener un mensaje real que comunicar. Como consejo final para las nuevas generaciones, Dilson invita a crear música con criterio y letras que tengan la capacidad de mover el piso y aterrizar la realidad del planeta y del país.

Aunque el proyecto como tal se despida, la música de sus integrantes continuará de otras maneras a través de nuevos proyectos, manteniendo la familiaridad que construyeron durante todo este tiempo. Honestamente, se siente como el cierre de un libro que ya contó todo lo que tenía que contar.

Con información de fuentes públicas, Wikipedia, YouTube, Instagram y TikTok.